10 de enero de 2015

Un ataque a la libertad.

Si hay algo por lo que la humanidad ha luchado desde sus orígenes, ese algo es la libertad. La historia es, en definitiva, la recopilación de esa lucha constante y sin final, con todos sus fracasos y sus éxitos.

El pasado miércoles fueron asesinadas doce personas que se habían consagrado a defender esa libertad a través de una revista cuyas caricaturas desafiaron todas las amenazas recibidas. Sus caricaturas no pretendían ir en contra de una religión en particular, sino eliminar cualquier miedo a expresarse, y aunque sabían el riesgo que corrían, decidieron seguir luchando algo por lo que creían, y eso les costó la vida.

El miércoles no sólo se produjo una barbarie en la que fueron asesinadas doce personas, ese día se atacó a la libertad de expresión, no fue un ataque contra Francia, fue un ataque contra todos los países democráticos en los que la libertad de expresión es un derecho reconocido, y por ello es deber de todos responder de forma conjunta a ese ataque, y hacerlo de forma contundente, pero de la forma correcta.

A los asesinos que perpetraron los doce crímenes les daban igual las vidas de las personas a las que asesinaron,
Ellos buscaban un ataque contra todos aquellos que se atreviesen a enfrentarles, pretendían infundir el miedo y que fuésemos nosotros mismos quienes, a través del odio, nos autodestruyésemos. 

Y ese es un odio legítimo y necesario, pero debe de ir correctamente dirigido, porque jamás podemos odiar a toda una comunidad por lo que hagan unos individuos que no pueden ser considerados personas ni juzgados como tal.  Por ello dirigir ese odio contra la comunidad musulmana que en muchos casos ha repudiado los crímenes que también son un ataque contra ellos, sería una locura, sería darles la victoria. Debemos combatir a todos aquellos que intenten quitarlos esa libertad, marginarlos de aquellos que, como nosotros, defienden los derechos de todas las personas, y una vez lo hayamos hecho, eliminarlos de la sociedad. A su vez, es merecidamente exigible que sea la propia comunidad musulmana la que condene las atrocidades y se diferencie así de esos despreciables.

Esto nos lleva a otro asunto que da para otra entrada como esta, mil quizá, y es si la religión está detrás de lo ocurrido. En cada atentado, los islamistas mueren intentando imponer su religión a los demás, por lo que es evidente que guarda una estrecha relación con la religión, pues esta, y el fanatismo que produce en algunos, el origen de estas barbaries. Pero no es sólo la religión islámica, pues en nombre de todas ellas se han producido grandes crímenes. La diferencia está entre quienes creen en algo de forma libre y en quienes siguen ciegamente una doctrina que en la mayoría de los casos acaba de esta forma. A los primeros se les defiende, porque precisamente la libertad está en poder o no creer en algo, seguir una religión; los segundos no cabe más que acabar con ellos.

Charlie Hebdo no era, ni mucho menos, una revista xenofoba. Ellos criticaban y ridiculizaban todo aquello que creían que estaba mal, pero igual que criticaban y desafiaban el extremismo religioso islámico, lucharon contra la Iglesia católica que discriminaba a las personas homosexuales.

Pero, después del dolor que produce un hecho como este, podemos sacar oportunidades para cambiar las cosas. Esto puede hacer que todos los países se unan para luchar juntos contra aquellos que pretenden arrebatarnos la libertad, así como se demostrará el domingo, día en el que se ha convocado en París una de las manifestaciones más multitudinarias que hayamos visto en muchísimo tiempo. A su vez, esto es una lección para todos aquellos países con un altísimo riesgo de amenaza terrorista que tienen vigilados a miles de sujetos que ya han cometido crímenes, que han estado asesinando personas en países de oriente y que han vuelto a nuestros países. No debemos esperar a que vuelvan a cometer crímenes como el ocurrido el pasado miércoles, debemos actuar antes de que eso ocurra y eliminarlos de nuestra sociedad democrática, la misma que pretenden destruir.



Pero como he dicho antes, y me reitero, porque es necesario, no podemos permitir que esto nos haga odiar la diversidad que engrandece a nuestra Europa, porque nos convertiríamos en lo que son ellos.


No puedo acabar de otra forma sino recordando el nombre de los doce héroes que dieron su vida por la libertad.



Ahmed Merabet
Bernard Maris
Cabu
Charb
Elsa Cayat
Franck Brinsolaro
Frédéric Boisseau
Honoré
Michel Renaud
Mustapha Ourrad
Tignous
Wolinski