8 de marzo de 2015

¿Y si le diésemos la vuelta a las clases?

El otro día leí un artículo en El País, y me llamó la atención, además de por todas las verdades que decía, por que era algo de lo que tenía pensado hablar desde hace tiempo.

El artículo era de Luis Garicano, y si te interesa puedes leerlo aquí.

No pretendo hacer un copia y pega, y tampoco voy a hablar de lo mismo, pero sí que me parecía interesante mostrártelo porque voy dar mi opinión como alumno que soy y desde la experiencia que he vivido.

La cuestión que a ambos nos preocupa es si verdaderamente las clases son útiles.

La mayoría de las clases consisten en leer un libro de texto o unos apuntes en alto, y este sistema está realmente bien cuando se trata de aprender a leer, pero creo que a partir de cierta edad todos deberíamos haber aprendido a leer.

Bromas aparte, lo que quiero decir es que leer un libro es algo que podemos hacer en casa y que, por tanto, malgastar el tiempo de las clases en ello me parece tontería. 

Entonces... ¿Las clases no sirven para nada? Sí, claro que sirven, es un tesoro poder tener a alguien con grandes conocimientos sobre la materia que estudias, alguien en quien te puedas apoyar y que pueda ayudarte, pero es un tesoro desaprovechado. 


¿Te imaginas una clase de economía en la que se debatiesen los programas de los diferentes partidos? ¿Qué alumno, al que verdaderamente le interese la economía, no estaría deseando asistir a esas clases y poder encontrar un sentido a todo lo que ha estudiado?

Filosofía. Hablando claro, es infumable todo lo que tenemos que estudiar y luego todos pensamos ¿Qué se metían estos tíos? ¿Esto a mí de qué me sirve? Porque eso es lo que pasa cuando dedicamos las clases a leer unos apuntes sin llevarlos más allá. Pero, y permíteme citar nuevamente al genio que es Garicano, te imaginas que un profesor entre a clase y le platee a sus alumnos ¿Qué diría Marx de “la casta”? Sería la clase más épica a la que jamás he asistido, y aprendería, vaya que si aprendería.

Las clases pueden ser algo maravilloso, un lugar donde verdaderamente se aprenda, pero no tiene sentido que las utilicemos para hacer algo que podemos hacer en casa.

Y no es que culpe en ningún profesor de cómo dan las clases, porque pienso que, con sus fallos y sus aciertos, todos intentan prepararnos lo mejor que pueden dentro de todas las limitaciones a las que se ven sometidos. El problema está en que no puede haber un gobierno o cualquier agente externo que les diga cómo deben de dar sus clases, que a final de cada etapa los alumnos tengan que realizar un examen en el que se evalúen todos sus conocimientos en función de un solo resultado.

¿Entonces qué? Me dirás, porque criticar es muy fácil, pero debe de haber alguna forma de calificar a esos alumnos y de que su trabajo se vea plasmado en algo tangible, real. Pues tienes toda la razón.

Y por ello podemos, como nos cuenta nuevamente en ese artículo, hacer lo que hacen otros países, mucho más avanzados que España en cuanto a materia de educación se refiere (algo que no es difícil, si me permites) y es presentar al final de cada etapa, es decir, sustituyendo a la selectividad, un trabajo propio en el que el alumno plasme tanto los conocimientos adquiridos, como su capacidad de procesarlos y relacionarlos, y esa creatividad de la que en otra entrada os hablaba.

Imagina un trabajo conjunto de historia y filosofía como fin de Bachiller: "Marx y su influencia en el movimiento obrero y los cambios sociales del siglo XIX" Ahí no hay errores, no hay nervios, sólo el verdadero potencial del alumno al descubierto, que es lo que deberíamos buscar.

Y todo eso es lo que se debe trabajar en clase, porque ya habrá tiempo en casa para aprendernos parrafadas, en su mayoría inútiles a las que hoy en día podemos acceder desde nuestro móvil en cualquier instante. Ese es otro tema ¿Por qué tienen tanto miedo los profesores a herramientas tan útiles?

Cuando los alumnos estén deseando ir a clase para aprender y demostrar lo que saben, esa será la señal de que estamos haciendo las cosas bien, hasta entonces todavía quedará mucho por mejorar.