2 de mayo de 2015

Cuando las urnas marcan los tiempos

Es curioso ver como todos critican, de forma completamente justificada, la falsedad de los políticos. Sin embargo pocas veces he visto a la gente preguntarse por qué mienten los políticos. 

-Para conseguir votos -Dirá alguno, siempre tiene que haber un listo.

Y sí, en el fondo es verdad, y es tan obvio que nadie se da cuenta de lo absurda que es la respuesta. Es decir, al que más nos mienta, más le votamos. Es un tanto... ilógico. Quizá sea porque así luego, durante los próximos cuatro años de legislatura (si la mentira no ha sido demasiado gorda, si no puede que menos), durante los próximos cuatro años de legislatura, decía, podremos criticarles. Porque al fin y al cabo la política sería muy aburrida si no hubiese tanta gente a la que poner a parir.

Pero, más allá del simple hecho de que los políticos mientan para conseguir el poder, la razón de esta mentira está mucho más cerca de lo que pensamos.

Los políticos mienten porque nosotros se lo pedimos.



Sí, aunque no me creas, se lo estamos pidiendo a gritos. Porque a la mayoría nos gusta que nos digan que van a bajar impuestos en mitad de la mayor crisis que ninguno de nosotros hemos vivido, porque todos nos lo creemos cuando los partidos dicen que si no ganan no pactarán con nadie, como si eso hiciese algún bien a alguien.

Y después, tras la noche de bodas, todo son desilusiones.

En realidad, las mentiras que nos hacen son de lo más inocentes que puede haber. llenas de peros, síes y demás matices; tantos que les falta llevar colgado el cartel de mentira encima para anunciarse. Finalmente se demuestra que el artículo 35 nunca dejó de estar vigente.

Entonces, ¿Por qué votamos a quienes nos mienten? ¿Simple inercia, ingenuidad o puro masoquismo?

Hace tiempo que la política y la campaña electoral dejaron de caminar juntos para tomar cada uno su camino, el cual en numerosas ocasiones es opuesto el uno al otro. Mientras los políticos acuden a mítines para llenarse la boca de insultos dirigidos hacia sus rivales con los que nunca, nunca, nunca jamás pactarán, antes mandan a sus respectivos delegados para pactar qué asientos les darán a cambio de que les permitan llegar al gobierno sin preguntar mucho, no vaya a ser que se destape otro escándalo de corrupción.

Y si todos sabemos que van a tener que pactar más tarde o temprano, o abstenerse, como poco ¿Por qué se crea tanto revuelo cuando alguien dice que quiere llegar a acuerdos que garanticen la transparencia y combatan la corrupción? Nadie quiere que ocurra como en Italia, donde es imposible gobernar, sin embargo cualquier opción alternativa es rechazada y el mensajero, fusilado.



Un programa electoral se tarda meses en redactarlo, años en pulirlo, ni se sabe cuánto convertirlo en un ideal en el que la gente confíe. Y ese programa quedará en el olvido si el partido no gana las elecciones, a no ser que incluya una medida muy polémica que puedan utilizar sus rivales para atacarle. ¿Quién va a ser el necio que se lea un programa político de un partido que pretende gobernar su país? Ni que esas cosas importasen.

No, lo mejor es la televisión, donde en 15 minutos los candidatos deben de tratar explicar todo lo que han tardado años en crear, imposible que pueda hacer algo más que enunciar sus propuestas, eso si los tertulianos son considerados, y afines a sus ideales, y le dejan hablar sin convertir el programa en un griterío.

Así pues, esos 15 minutos de gloria para el candidato no le sirven absolutamente para explicar nada. Y, a pesar de eso, le pueden servir para ganar unas elecciones. Porque es probable que a nadie le importe el programa electoral de un partido, cómo pretenden usar los recursos o las medidas sociales que van a tomar, pero oye, verle la cara dice mucho.

Hemos llegado a un sistema en el que la campaña electoral consiste en hacer que la gente escuche las siglas de un partido cuantas más veces mejor, confiando en que así se olviden de todos las veces que han robado a esas mismas personas a las que ahora piden su voto, y dejando de lado cualquier propuesta, todo por conseguir que un voto más caiga a su favor en las urnas. Porque eso es la política, cuatro años de campaña y un día de elecciones.

He oído infinidad de veces criticar la manipulación que ejercen los medios. Si a la gente le interesase mínimamente la política, cualquiera podría acudir a la web de cada partido, donde pueden acceder a las ideas de este y sus programas políticos (quienes los tengan) y donde ninguna manipulación externa tiene la menor influencia.

Cuando nos interesemos de verdad por la política, cuando queramos opciones reales más que insultos y el yo contra todos, cuando queramos que nos digan la verdad, aunque no siempre tengamos que estar de acuerdo, y cuando aceptemos que para gobernar hacen falta más que palabras bonitas, entonces podremos exigir (y exigiremos) a los políticos que nos digan la verdad.

Hasta entonces, que el circo continúe.