13 de mayo de 2015

El coste del talento

Que un Ferrari no vale lo mismo que un 600 lo tenemos todos asumido. Que si queremos que nuestra pizza lleve un ingrediente extra tendremos que pagar por ello es algo que nadie niega, y a pesar de que siempre nos han dicho que lo barato acaba saliendo caro, la verdad es que nunca les hemos hecho mucho caso.

Actualmente es raro que pase un día sin que, en las páginas finales de los periódicos (abajo del todo, para quienes finalmente nos hemos entregado a la era digital), esas que nadie lee pero que en verdad contienen las noticias más importantes, podamos encontrar casos en los que grandes empresas multinacionales contratan jóvenes promesas para que pasen a formar parte de sus filas, o quizá otros en los que, para morbo de los lectores, las grandes empresas como Apple o Google se roban a sus altos cargos, y algo que siempre nos llama la atención son las cantidades desorbitadas de dinero que les pagan. Niños que se hacen millonarios sólo por crear una aplicación con cuatro tonterías, y las empresas, que eso del capitalismo las vuelve locas, están dispuestas a pagarles millonadas, y todo por nada. Pero yo te propongo, a ti, que sé que eres capaz de ver más allá, que pienses el algo: si les pagan tanto, ¿no será que lo valen?

La razón nos dice que si hay empresas que han triunfado, a pesar de sus muchos errores, es porque han tomado las decisiones apropiadas, y entre ellas destaca el saber tener de su parte a los mejores. Y recompensarles por ello.

Así que si estás pensando en crear una empresa que sea la nueva Apple, recuerda contratar primero al próximo Steve Jobs.


Pero bueno, quizá no haya que ir tan lejos para vernos en el lugar de tener que tomar una decisión de tal calibre, porque todos formamos parte de una gran empresa, o al menos algo que se asemeja mucho a ella.

Porque, aunque a los haters del capitalismo les duela, los Estados funcionan, salvando las enormes distancias, en su base, como una empresa. 

Y como haría cualquier empresa que quiera convertirse en líder de su sector, todo Estado cuyos objetivos sean el pleno empleo y el bienestar de sus ciudadanos, debería estar dirigido por los mejores políticos, los cuales estén suficientemente formados y tengan la experiencia necesaria para tomar las decisiones adecuadas, pero, como en todo, el talento tiene un precio.

Sin que me sea agradable, he de hacer por una vez de abogado del diablo, y es que la política, sobre en altos niveles, es uno de los oficios más duros que puedan existir. Por supuesto hablo de la verdadera política, personas que lo dan todo por realizar su labor de la mejor forma posible, no quienes están sólo para ocupar un asiento y cobrar un sueldo, que lamentablemente es lo que prima.

Piensa en lo que supone ser presidente, dejando de un lado los prejuicios que podamos tener, y, sea del partido que sea, y a pesar de que todos sabemos que muchos podrían haberlo hecho mucho mejor. Durante los 4 años que dure la legislatura, prácticamente renuncian a su vida, teniendo que dejar de lado toda privacidad, recibiendo insultos de la oposición y sometiéndose a una presión inmensa. Dejando a un lado el altruismo y el amor por su país, son pocas las personas que estarían dispuestas a cargar con tal responsabilidad, y, entre ellas, muchas menos las que cumplen los requisitos para cargo.

Piensa que los ministros y el presidente, con cada una de sus decisiones y actuaciones pueden hacer aumentar miles de millones la economía nacional, crear o destruir centenares de miles de empleos. Quizá es mucho mayor el beneficio que el coste de "contratar" a una persona que sepa dirigir el país.

Si hubiese alguien con un talento lo suficientemente brillante como para poder dirigir una nación, y tuviese que elegir entre tener que ser presidente y renunciar a su vida además de ganarse el odio de medio país y la indiferencia del otro medio, o ser un alto cargo de una empresa donde gane tres veces más y pueda estar cada tarde con su pareja, dime tú qué crees que elegirá.

Antes de profundizar, un pinchito de historia:

Hace apenas 100 años los políticos no cobraban. Maravilloso, pensará alguno. Bueno, los políticos no cobraban por realizar su actividad, pero esto hacía que sólo dueños de grandes empresas que generaban inmensos beneficios o los hijos de estos podían acceder a la política.

¿De verdad crees que lo de que no cobren los políticos es tan buena idea?

Una de datos:

Actualmente el presidente del gobierno cobra unos 75.000€ brutos anuales, una cantidad que, si bien es muy alta comparado al sueldo medio del resto de españoles, no me sería dolorosa para alguien que fuese capaz de estar a la altura de dirigir nuestro país, es más, me parecería incluso insuficiente.


¿¡¿Pero qué está diciendo este loco?!? 

Bueno, quizá no sea tanta locura si nos fijamos en nuestros vecinos europeos, cuyos presidentes cobran en algunos casos tres veces más que el nuestro, y ya si nos vamos a los Estados Unidos, nos encontramos con un Obama que cobra hasta ocho veces más (casi 600.000€ anuales, teniendo en cuenta que allí la transparencia es mucho menor).

A cualquiera que dijera que tener la fórmula mágica para crear cuatro millones de puestos de trabajo, instantáneamente le ofrecerían millones y millones de euros a cambio de que la compartiese para poder aplicarla en un país y recibiría el premio Nobel de economía. Entonces, ¿por qué no dejarnos de cuentos y poner personas que de verdad sean capaces de crearlos a base de esfuerzo, evitando dudosas fórmulas mágicas?

Y por supuesto que exigiría cobrar más que el actual presidente, muchísimo más, pero valdría la pena si a cambio se creasen esos millones de puestos de trabajo y el consiguiente beneficio para la economía (la de todos los españoles) que supondría.

¿Entonces deben cobrar más los políticos? 

No, para nada, no estoy diciendo eso. Es más, pienso lo contrario.

Estoy diciendo que lo que España necesita es una urgente distribución más equitativa en función del cargo que cada uno ocupa, pues no es normal que la alcaldesa de Pinto, una población con 46.000 habitantes, cobre un sueldo prácticamente igual que el presidente de nuestro país.

Sólo en cargos relacionados directamente con la administración central del gobierno (que son los que menos) 259 puestos reciben un salario mayor que el del presidente.

En muchas comunidades autónomas, la mayoría de alcaldes de ciudades con un número importante de población, cobran más que la mayoría de los altos cargos del gobierno central.

Eso sin tener en cuenta los 40.000.000.000€ que nos roba la corrupción (los políticos corruptos, pues es injusto hablar en abstracto cuando hay detrás unos delincuentes) cada año.

Así pues, si recortásemos en todos esos cargos que cobran sobresueldos innecesarios por calentar un sillón o tener asignado un puesto en un parlamento al que ni se presentan, quizá una parte ínfima de todo lo que nos ahorraríamos podríamos destinarlo a otorgar un sueldo a la altura del presidente que requerimos.

Entonces quizá podríamos pedir que, por primera vez en nuestra historia, tuviésemos un presidente que al menos supiese hablar inglés.