25 de junio de 2015

Liberalismo si, pero al servicio de los ciudadanos.

Hace no mucho publiqué una entrada en la que defendía el liberalismo, ideología que me define, en la que creo y la cual defiendo.  Sin embargo, cosas del destino, a raíz de esa entrada, la cual podéis leer aquí, me veo obligado a enfatizar en una postura que ya entonces defendía, pero quizá deba hacer más hincapié, aclarando que me mantendré siempre dentro de la ideología liberal.

Antes de continuar, he de aclarar que, según escribía la entrada, me he dado cuenta de que sin detenerme a desarrollar ninguno de los temas, esta se me ha hecho especialmente larga. Seguramente muchos de los puntos tratados los desarrolle más adelante en otra entrada, pero aún así espero que os sirva.

El liberalismo defiende la no intervención estatal, que sea la propia iniciativa privada la que propicie el progreso y el bienestar de cada uno. A partir de ahí, y como en todo, hay diferentes grados que se alejan más de la esencia radical de este y que se acercan más a otras posturas, llegando a ser una combinación entre dos conceptos.

Antes de comenzar, haré publicidad de un lugar que dice exactamente lo contrario a lo que voy a exponer, pero quizá os sirva para daros otro punto de vista. Se trata de una revista Libertario.es donde además de información, críticas y opiniones, exponen diversos casos donde explican cómo, siempre desde su opinión, se puede lograr cualquier cosa mediante el capitalismo.

Pero permíteme acaparar nuevamente el protagonismo, y juguemos a un juego en el que tendrás que dejarte guiar, ir pensando a la vez que me lees, y que saques tú tus propias conclusiones.


Antes de nada, aclarar que en todo momento hablaremos de liberalismo económico, no confundible con el liberalismo social, que aunque deben de avanzar unidos, son conceptos diferentes.

Partamos de una premisa muy básica que tomaremos, para empezar, por cierta, aunque luego podamos ir cuestionandola: 

"Es la iniciativa privada la que debe conseguir el progreso de la sociedad y el bienestar individual, sin que haya intervención del Estado y dejando que sean las fuerzas del mercado quienes, a través de la ley de la oferta y la demanda, sea el árbitro de todas las relaciones económicas"
Esto supone, si lo tomamos de forma estrictamente literal. la desaparición del Estado, al menos lo que conocemos como tal. Yo estoy de acuerdo con ello, al menos en su base y sin analizarlo; es cada uno quien, con su esfuerzo y su trabajo debe ganarse aquello que desee adquirir, pero esto tiene muchos defectos e incoherencias que posteriormente analizaremos.

Vamos a hacer un esfuerzo creativo para poder ilustrarlo, y con ello crearemos en nuestra mente un país, en el cuál decidiremos hasta qué punto debe llegar la intervención estatal. Y para ello, en sus comienzos, partirá de un liberalismo puro, brutal; absoluto.

Algo que choca es que, si tomamos al pie de la letra la definición anterior, el Estado no existiría, no habría "país" como tal, así como he comentado anteriormente.

El primer problema que se me presenta es que ese país necesitaría unas infraestructuras para poder funcionar, unas carreteras, un servicio de alumbrado, una policía, unos bomberos, y un ejército que la defienda. Llevado al extremo puede que alguno me respondiera que esto puede crearse mediante iniciativa privada. Algunos de los servicios nombrados anteriormente, se basan en una serie de leyes, en una constitución, y esos están más allá del poder de decisión de cada uno y de sus deseos, sino que pertenecen al conjunto de la nación. Otros, como las infraestructuras, efectivamente son posibles de crear mediante la iniciativa privada, pagando a empresas entre varias personas que lo decidan de forma individual, pero, como en el caso de los bomberos, no puede ser que según pague se le apague el fuego o no. Primero porque nadie va a estar mirando dónde se ha producido y si el propietario tiene contratado un servicio con cierta empresa, y segundo, porque el fuego se puede propagar y afectaría a otras personas. Por último, las infraestructuras, la parta más cuestionable, creo que hasta el más liberal entiende que hay ciertos asuntos que, por su dimensión y coste únicamente el Estado puede realizarlos de forma satisfactoria.

Por tanto, aceptamos que hay ciertos servicios que únicamente el Estado tiene poder para satisfacer, o, al menos, que tiene la capacidad de hacerlo de la mejor forma posible, la más eficaz.

Cualquiera que desee debatir de forma seria admitirá que hay que llegar a este punto, que un liberalismo puro donde el Estado no exista es o una broma o una utopía, lo que más agradable suene pero, en definitiva, no es posible.

Sin embargo, llegados a este punto y cumplidos esos requisitos mínimos, ya podemos empezar a plantearlos la posibilidad de un estado puramente capitalista que se limite a aportar los servicios anteriormente citados. Este fue el caso de Estados Unidos durante mucho tiempo y, al margen de que todas las circunstancias internacionales les favorecieron tras las artimañas que les hicieron parecer los héroes de las dos guerras mundiales, no les les fue mal, nada mal. Por tanto queda probado que el liberalismo, al contrario que otros sistemas económicos, es algo realizable incluso a largo plazo.

Sin embargo, como todos sabemos, hasta Estados Unidos terminó cediendo y dejó de lado ese liberalismo puro, y podemos incluso considerar que, a través del New Deal, fueron ellos mismos, el icono del capitalismo, quienes llevaron por primera vez a la práctica el socialismo democrático.

Así pues, o estos americanos estaba muy locos, o el liberalismo puro es mejorable.

Para ello podemos movernos por dos motivos, social (humano) y el puramente económico. Creo que ambos son importantes y se han de tener en cuenta, pero ahora me centraré en el económico, no porque sea más importante, sino porque es el que verdaderamente se puede analizar, lo otro es abstracto y subjetivo, sujeto a la opinión de cada uno.

Volvamos a nuestro Estado imaginario, donde ya hemos decidido que haremos carreteras, contrataremos a policías decentes que protejan a nuestros ciudadanos y a bomberos que apaguen el fuego del vecino torpe. Quizá se pueda pensar que nuestros ciudadanos ya tendrían todo lo necesario para vivir en nuestro país, pudiendo todo lo demás adquirirlo por su cuenta mediante su trabajo, pero se me ocurren varias cosas que les faltarían.

Lo primero, la sanidad. Esto es bastante cuestionable, me diréis. Recordando que hemos dejado de lado el componente humano, no vamos a pensar si es o no justo que alguien se muera de una gripe al no poder pagar un médico que le atienda. Pensemos que la gran mayoría de nuestros habitantes, debido a la prosperidad y riqueza de nuestra nación, pueden contratar un seguro médico que les atiendan cada vez que enfermen. Sin embargo, hay unos habitantes que no pueden pagarse un médico, y estos enferman y, como es lógico, entran en contacto con otros habitantes que puede que sí tengan seguro médico. Lo más probable es que ellos sobrevivan y quizá les de igual que se muera el otro, total, no va con ellos la cosa. Pero antes de curarse es probable que pasen varios días en cama, y que se produzcan epidemias debido a los contagios de los portadores de la enfermedad que no tienen un seguro médico. Así pues, se me ocurren dos opciones para evitar que esto ocurra: O encerramos a todos los contagiados en un gueto, cosa que me parece poco liberal, o establecemos una sanidad básica, aunque sea por motivos puramente egoístas al no querer que las epidemias asolen nuestro país liberal.

Solucionado este problema, nuestros habitantes podrán vivir sanos y felices, pero queremos que nuestro país sea una potencia en el futuro, y para eso se necesita educación en el presente. Claro, que cualquier buen liberal me responderá que la educación perfectamente se la puede pagar uno mismo. Sí, le doy la razón, absolutamente. Mucha gente se la podrá pagar viniendo de una familia con dinero, y habrá otra que no. Bueno, eso es el liberalismo, que cada uno mire por lo suyo, es lo justo. Sí, de acuerdo. Pero, ¿y si uno de los que se queda sin estudiar al no poderse pagar la carrera, hubiese sido el inventor de la cura del cáncer? A lo mejor alguien se paga su carrera y a los cinco años de terminarla muere de esta enfermedad. Vale, sé que esto lo habréis oído muchas veces, y es algo cierto, pero iré a un ejemplo más tangible y menos dramático: 

Un estudiante puede pagarse su carrera, o se la pagan sus padres, da igual. Es un erudito, y crea inventos geniales. pero tarde o temprano necesitará un equipo junto con el cual trabajar. En el otro caso está un chico súper listo pero que no puede pagarse la carrera. Un liberal me diría que puede trabajar por las mañanas y estudiar en el turno de tarde. Bueno, hoy en día yo no apostaría a que Einstein pudiera encontrar trabajo a los dieciocho años, y aunque lo lograra, piénsalo: tener a Einstein trabajando en un McDonald en vez de aprovechar su capacidad para crear teorías e inventos ¿No es un pecado?

Si el Estado aportase el dinero que cuestan los estudios universitarios, muchas más personas podrían acceder a ellos, y esto beneficiaría tanto a nivel de Estado, creando un progreso mucho mayor, con muchos inventos y un potencial creativo enorme, muy superior al que se daría en una nación donde no hubiese intervención estatal alguna,  Y a nivel individual, un empresario, incluso un estudiante que quiera realizar labores de innovación mientras estudia, tendrá muchas más posiblidades de éxito en un entorno propicio, con muchas personas altamente cualificadas, que en uno donde el número de universitarios sea mucho menor. Por ello lo estrictamente justo de que cada uno se pague con su dinero lo que desee adquirir, en este caso, no es lo que, a largo plazo, mas termina beneficiando a los individuos.

Sin embargo, aunque este punto deba desarrollarse en una entrada a parte, no creo que la educación se les deba pagar a todos, solo a quienes vayan a devolver ese beneficio a la sociedad con sus futuras aportaciones, e incluso que lo devuelva directamente en dinero cuando reciba un salario, como se hace en muchos países europeos. Y aunque puede haber bancos u otras entidades las que, en un sistema liberal mucho más puro se encarguen de ello, como va a ser la sociedad en su conjunto quien se beneficie debido al progreso que esto genera, debe ser el Estado quien se encargue de ello.

Hasta aquí, con esos dos hechos, acaba mi visión de la necesidades que debe cumplir sí o sí un Estado. Pero aventurándome un poco más, y a riesgo de que más de uno me tache de comunista, creo que hay más puntos en los que un Estado debe intervenir en la economía.

El primero de ellos es en el caso de bienes que necesite la población pero las empresas no obtengan un beneficio a corto/medio plazo, de forma que ninguna de ellas se pudiera interesarse en invertir las millonadas necesarias para poner en marcha tales servicios, como son el caso del servicio de alcantarillado o de tuberías.

En el segundo, aquellos servicios que no generen un beneficio directo, pero que sirvan para el desarrollo de la actividad económica de una región, como un buen sistema de transportes. Estos son casos especiales, puesto que pueden interesar aunque supongan pérdidas, pero hay que saber medir muy bien los resultados esperados, y jamás caer en utilizarlos como propaganda electoral, tal y como ha ocurrido con el AVE.

Ahora diré algo que seguramente romperá los esquemas de muchos liberales, y es que el Estado debe ser el primero interesado en atraer inversores a su territorio, y que sean las empresas de su país las que se adjudiquen los grandes proyectos a nivel mundial.

Al igual, si bien no corresponde al Estado dar ayudas a cualquier empresa por el hecho de ser pequeña (que ya sería una gran ayuda quitarle a los autónomos las millonadas que han de pagar sólo por poner en marcha su negocio) sí que reclamo que a ciertas empresas dedicadas a sectores estratégicos, como energías renovables, que en muchos casos no podrían obtener grandes beneficios iniciales sí sean apoyadas por el propio Estado, debido al futuro beneficio no económico que esta recibirá.

Por la otra cara, el Estado debe regular todos los costes sociales generados por las empresas, tales como la contaminación o la destrucción, cuyas prácticas pueden generales más beneficios a costa de unos daños que todos conocemos.

A su vez creo que, si bien el Estado no debe crear ninguna empresa por el hecho de obtener beneficios, cuando ya posee una por las causas citadas anteriormente y esta los genera, no veo por qué ha de desprenderse de ella, pudiendo estos beneficios cubrir los gastos de otras actividades necesarias que puedan ahorrar el pago de impuestos.

Así pues, si bien el liberalismo defiende la justicia de que cada uno obtenga los ingresos que él mismo genere y pueda destinarlos a aquello que él desee, no creo que este deba seguirse de forma ciega, como si de una fe se tratase, sino que, partiendo de esa base, puede modificarse buscando siempre el bien común.

A diferencia de otros sistemas, el liberalismo no busca redistribuir la riqueza, no busca que haya personas que se aprovechen del esfuerzo que hay realizado otros. Sin embargo hay ocasiones en las que, si la sociedad realiza esfuerzos colectivos, siendo estos llevados a cabo por el Estado, pueden obtener todos ellos beneficios mucho mayores que si actuasen por su cuenta. Son esos en los casos en los que opino que el liberalismo no puede pretender seguir de forma ciega una mentalidad individualista, pues si bien puede funcionar, como he dicho antes, se pierden muchas ventajas de casos en los que sí puede ayudar el Estado.

Con esto doy por finalizada esta entrada, si bien estoy seguro de que volveré a tratar de forma mucho más concreta alguno de los temas citados.

¡Hasta pronto!