31 de agosto de 2015

Nacionalidad: un sentimiento, no una raza.

Esta es una de esas entradas que me gustaría nunca tener que hacer, y que sin embargo me veo en la obligación moral de ello. Es una de esas cosas que todo el mundo debería dar por hecho, sobre las cuales no se debería discutir, pero aún hoy se hace.

¿Qué es un país? Unas fronteras dibujadas en un mapa, un conjunto de instituciones comunes, unas leyes, un país son las personas que lo forman, que deciden caminar juntas, sumar a un proyecto común. Un país es un sentimiento.

Los países como tal no hay existido tanto como se podría pensar, pues el concepto de país no llega hasta que aparece la democracia y las personas por primera vez tuvieron la capacidad de decidir. Antes lo ahora llamamos países no eran más que súbditos de varios señores que a su vez debían lealtad al mismo rey, jeque, emperador... Los países tal y como los conocemos no llegan hasta la aparición de los nacionalismos, en la época de las revoluciones, hace poco más de dos siglos. 

Quizá el más claro ejemplo, por ser lo que actualmente conocemos como país desde que existe como tal, son los Estados Unidos. ¿Acaso alguien me puede decir quienes son los estadounidenses originales? Los blancos no, desde luego. Pocos rubios conozco con todos sus antepasados en américa. Ni más ni menos americanos que ellos son los negros, pues tampoco podemos decir que sea por "etnia" su tierra natal. Los indios, determinará alguno. Quizá sea la respuesta más acertada, pero basándonos en el porcentaje de población india en los Estados Unidos, si estos fuesen los "americanos", América no existiría.

Estados unidos lo formaron, desde su inicio hombres que, llevados por diversos motivos, acabaron en aquella tierra y decidieron formar juntos la nación que conocemos hoy en día. Y desde ese entonces han ido llegado, procedentes de todas partes del mundo, personas que han pasado a formar parte de los Estados Unidos. Incluso hay quienes cuyos padres habían llegado como esclavos una vez adquirida su libertad decidió quedarse en aquella tierra y vivir como un ciudadano más. Y lo que les une a todos ellos, por encima de su procedencia o la de sus antepasados, es un sentimiento, el de ser "americanos".

Pongamos otros dos ejemplos, el alemán y el italiano, iconos del nacionalismo de finales del siglo XIX. Porque desde hace mucho, mucho tiempo, podemos leer sobre los italianos o los alemanes, y sin embargo no es hasta hace relativamente poco cuando han pasado a ser un país unido. ¿Qué era lo que unía a estos pueblos que durante tanto tiempo habían estado separados? Desde luego, y por mucho que ese hombre alto, rubio y fuerte, todo un ejemplo de hombre ario llamado Hitler lo dijera, la raza no. 

Pasemos a hablar de algo tan vano como la etnia de una persona, si es que aún alguien tiene dudas. Sí, puede que los alemanes tuvieran una genética parecida entre sí si la comparamos con otros pueblos europeos, que allí haya mayor porcentaje de rubios, que sean por lo común más altos... pero aún así hay grandes diferencias entre las Alemania del norte y la Alemania del sur, mucho menos "aria", de donde por cierto procedía este hombrecillo que tan siquiera era propiamente alemán. 

Mucho mas llamativa es la diferencia entre la Italia del norte y a del sur, llegando a parecerse en etnia mucho más entre un francés y alguien de Milán que entre un italiano del sur y uno del norte.

Pero, ¿acaso importa?

Y lo más ridículo de todo es que discutamos esto en España, el país de Europa, y uno de los países del mundo con más diversidad cultural. Porque hemos sido celtas, íberos, romanos, bárbaros, árabes... hemos comerciado con tantos países, y ha llegado tanta gente procedente de todos los rincones del mundo que es imposible decir de dónde procedemos cada uno.

Y si en un momento pudiera haber tenido sentido hablar de razas para determinar los ciudadanos de un país, lo cual veo ridículo, hoy en día, con un mundo tan interconectado en el que con tan sólo un billete de avión puedes recorrerte el mundo entero, no en 80 ¡Sino en un sólo día!, hoy en día es una locura hablar de razas.

Y si lo hiciese un japonés, quizá, aunque sus argumentos no tuviesen valor alguno, podría decir que tiene una raza, pero eso no existe en Europa. Si tenéis tan sólo unos minutos, os animo a ver esta entrada que habla de la variedad de "razas" en Europa derivadas de la influencia de todo el mundo.

Podría decirse que un país lo forman las personas que comparten una historia, un idioma, una cultura... pero jamás un a raza. Y aún así, las culturas cambian, se entremezclan, se enriquecen, los idiomas se aprenden, y la historia está en contante cambio. Por ello, todos esos argumentos de contaminación racial, de pérdida cultural, de inadaptación, no son más que mentiras para justificar lo injustificable, causas que se le atribuyen a lo que no tiene explicación, o la explicación es tan mezquino que da vergüenza decirlo.

Al final, lo único que prevalece es el sentimiento, y quienes se sientan parte de un país, de una nación, serán los que la formen.


29 de agosto de 2015

El último recurso: autodidactismo

Creo que mis críticas al sistema educativo son sobradas, y en verdad no pretendo excederme, pero creo que realmente, siendo el pilar básico de cualquier sociedad, ninguna crítica a sus defectos está de más. A su vez siempre he intentado acompañar cada crítica de una propuesta, por lo que me considero en derecho de seguir criticando y proponiendo.

Sin embargo este no será un artículo no será una crítica al propio sistema sino a la actitud que, o bien por conformismo o bien por desconocimiento, adoptan ciertas personas.

Actualmente en la mayoría de los centros no se lleva a cabo un proceso de aprendizaje, en el que toda la clase participa; en el que se llevan a cabo debates sobre la materia tratada; en el que son los alumnos los que desarrollan su propio conocimiento. Por el contrario, el actual propósito del sistema educativo tal y como está planteado es, por un lado, fijar unos contenidos que los alumnos no deben aprender, sino tan sólo memorizar, y por otro ir comprobando constantemente que los contenidos recién dados han sido memorizados.

Algo que siempre he defendido es que, en mi caso, he aprendido mucho más por mi cuenta de lo que aprendí en las clases que hasta hoy he dado. Porque sí, estudie las Guerras mundiales y seguramente sacase buena nota, pero no fue hasta que la curiosidad me hizo leer libros de los propios soldados, o de figuras como Churchill o el propio Hitler cuando de verdad aprendí lo que significaban las guerras mundiales, su contexto, sus causas y sus efectos, más allá de unos datos que hubiese podido memorizar anteriormente.

Y debo destacar que todo ese conocimiento, digamos, extraescolar, lo adquirí de forma totalmente gratuita, mediante libros obtenidos de la biblioteca o, en otros casos, internet, al cual recuerdo que todo el mundo en España puede acceder de forma gratuita mediante las bibliotecas.

Entonces me pregunté por qué, si ese conocimiento es tan accesible, no todo el mundo lo tiene. No me refiero, por supuesto, a mis propios conocimientos del campo al que a mí me pueda interesar, sino aquellos que se ajusten a cada persona y sus intereses.

Para empezar no me hace falta ir más lejos de mi ejemplo para darme cuenta de los motivos.

El primero, la pereza, porque a estudiar te obligan, esto te lo tienes que “imponer a ti mismo”, tienes que buscar el tema sobre el que quieres aprender, buscar en internet páginas sobre ello o un libro en la biblioteca, y ponerte a leer. Sin embargo, a diferencia de estudiar, cuando aprendes por ti mismo lo que te gusta y de la forma que te gusta, una vez te has puesto a ello el propio proceso resulta parte de tu entretenimiento.

El segundo, el tiempo, porque precisamente nos han impuesto un sistema que, sin ser eficaz, nos roba gran parte de nuestras vidas y al cual, de no ser un genio, debido a que este también es respaldado por las empresas a la hora de medir los criterios para la contratación, es muy difícil dejar de lado sin fracasar. Estudiamos tantísimo que en cuanto tenemos tiempo libre lo dedicamos a otras actividades, y es algo que veo lógico y no critico.

El tercero, la falta de confianza en nosotros mismos, porque nos han dicho tantas veces lo que debemos hacer que hemos llegado a no ser capaces por nosotros mismos de distinguir qué es lo que más nos conviene, la creencia de que, aunque realmente deseemos aprender por nuestra cuenta no servirá de nada el esfuerzo realizado. No podría haber afirmación más errada.


El sistema educativo hay que cambiarlo. Si destinamos los recursos a ello, si lo hacemos de forma colectiva como sociedad, lograremos mucho más de lo que cualquier persona de forma individual pueda conseguir, y por ello el aprendizaje individual y autodidáctico no es la solución al fracaso de este sistema sino más bien una salida momentánea que puede dar, a quien esté dispuesto a esforzarse por ello, una gran ventaja sobre el resto de personas.

28 de agosto de 2015

La simplificación del pensamiento

Soy de izquierdas.

Soy de derechas.

Es una simple frase, una palabra. Algunos la dicen a menudo, la tuitean, la ponen en su perfil, se enorgullecen de ella. Yo me avergüenzo

Entendedme, no es que tenga nada en contra ni de una ni de otra, simplemente no comprendo a qué se refieren.

Derechas, izquierdas, izquierdas y derechas ¿Qué es lo uno y qué es lo otro? Seguramente que alguno me podrá citar características de cada una: La izquierda tiene mayor gasto social, más control del Estado, es más progresista, la derecha por contra es más conservadora, menos gasto social, más capitalista... ¿Qué ocurre cuando alguien defiende una economía de mercado y a la vez una libertad social? ¿Acaso es incompatible? Entonces sería alguien de izquierdas pero derec... No.

Comprendo el concepto tradicional de derechas e izquierdas como una manera de simplificar las cosas, el problema es que las hemos simplificado tanto que hemos asumido que son así y que no hay nada más allá. El primer paso en ese absurdo enfoque es encajarte en una de las dos "ideologías" (las cuales no merecen ese nombre), el segundo es odiar a los demás, considerarlos el enemigo.

Porque al agrupar todo en dos únicos bloques hace que tengamos que elegir la una o la otra, aceptar todo lo que la un considera bueno, y rechazar todo lo que considera malo. Es asumir un molde prefijado con el que formar nuestro pensamiento, y los moldes nunca han sido buenos para un pensamiento que debería de ser libre.

Porque uno puede tener perfectamente ideas que correspondan a diferentes bloques, porque se puede amar al país del que te sientes parte y la vez admirar otras culturas, porque se puede aferrarse a las tradiciones y las viajas costumbres ya la vez implicarse en el componente social y pidiendo al Estado que haga lo mismo.

A su vez, en ocasiones no se diferencian tanto ambas clasificaciones, lo que ocurre cuando las llevamos ambas al extremo. Puede que alguien sepa diferenciar a uno de derecha moderadas de alguien de izquierda moderada, pero ¿Qué pasa cuando ambas se radicalizan? Entonces estas pasan a llamarse fascismo y comunismo (diferenciandolo del marxismo) Ambas restringen cualquier tipo de libertad, ambas controlan la vida de quienes lo padecen, someten a los ciudadanos que dicen representar, crean una cultura retrogada al servicio de un Estado que ha a abandonado a su pueblo. Entre las pocas diferencias que podemos encontrar es que mientras que unos veneran a un Dios otros lo hacen a un Lider. ¿Porqué, si son tan opuestos se parecen tanto?

Por tanto, asumamos de una vez que la concepción de izquierdas/derechas es un pensamiento tan simplificado que convierte en borrego a quien lo sigue.

Entonces, necesitamos una forma de poder definir nuestra ideología. Y como no soy de los que acostumbra a criticar sin proponer, presentaré mi forma de ver las cosas, aceptando que hay muchas formas de plantearlo.

Desde mi punto de vista, una ideología debe centrarse en asuntos concretos, como una mayor aceptación o rechazo a los cambios, un deseo de mayor o menor intervención del estado, cada una de las dos opciones presentada debe representar extremos opuestos, y a su vez entre ellas puede haber diferentes e infinitos grados en función de a qué ideología se tienda más. Así pues, nos encontramos según los ejemplos anteriormente mencionados progresistas/conservadores estatistas/liberales socialistas/individualistas totalitaristas/demócratas etc. Cada uno de estos pensamientos deben juzgarse por separado y pueden combinarse de cualquier forma, aunque sí que es cierto que ciertos pensamientos tenderán a asociarse, por ejemplo, un liberal (de los de verdad) tenderá a ser democrático y a la vez progresista, pero no tiene porqué darse el caso.

Y aún cuando dos personas se consideren de la misma ideología, jamás se dará el caso, si es que verdaderamente piensan por sí mismas, en el que ambas piensen absolutamente igual en todo. Habrá disyuntivas, diálogo, y de ello nacerá la democracia, una pluralidad de la cual podremos sentirnos orgullosos, porque no habrá bandos, habrá individuos de libre pensamiento, y una gran riqueza intelectual.


Por cierto, ¿Os suena de algo esta imagen?


26 de agosto de 2015

Los rehenes de Catalunya

Hoy te voy a proponer algo muy atrevido, aunque estoy seguro de que tú me seguirás. Vamos a imaginar algo que, probablemente, hemos dado siempre por hecho que nunca ocurriría. ¿Acaso no te entra curiosidad? 

Imaginemos que, para mañana mismo, esta convocado un referéndum sobre la independencia de Cataluña.

Ya sabes, campañas electorales, banderitas de un color por allí, otras distintas por allá, políticos sonrientes haciéndose fotos mientras intentan por todos medios lograr mantener su falsa sonrisa... 

Pero vayamos a lo que de verdad nos importa, dejémosles a ellos toda esa parafernalia y pensemos cómo sería ese supuesto referéndum. 

Algo que se discute es si la independencia de un territorio debe ser discutida por todos los habitantes del Estado o únicamente por los habitantes de la región donde se plantea la posible independencia. 
Es obvio que si se votase en toda España, el resultado sería que Cataluña seguiría formando parte de España, aunque sería interesante medir el aguante que tienen los españoles al circo independentista de ciertos personajes.

Sin embargo creo que todos sabemos que, en el caso de llegar a permitir un referéndum, si se da el paso de convocarlo, deberían votar únicamente las personas residentes en el territorio donde la independencia se plantease.

Sé de un señor que, de leerme, ahora estaría sonriendo. Pero creo que no lo ha terminado de comprender del todo.

¿Porqué tomamos a Cataluña como una unidad indivisible? 

Cataluña está compuesta por cuatro provincias, las cuales a su vez se subdividen en otros núcleos de población. Como es bien sabido, el porcentaje de apoyo a la independencia varía mucho de unas zonas a otras, siendo mucho mayor en las zonas rurales, y muy inferior el los grandes núcleos, zonas de industria y de negocios, que además son capitales administrativas.

Es ahí donde se da un curioso hecho, y es que en las principales poblaciones de Cataluña el rechazo a la independencia es muy alto. Apoyándonos en datos más concretos, veremos que las siete principales ciudades de Cataluña están en contra de la independencia apoyándola un porcentaje menor del 40% de la población en Barcelona, y sin llegar al al 45 en ninguna de las 7 primeras, teniendo en cuenta que estos datos están tomados actualmente, en pleno auge del independentismo catalán.

Aquí puedes ver esas 7 primeras ciudades con su población:


Pido perdón al resto de ciudades por obviarlas, por dar por hecho en éste planteamiento que sólo las grandes ciudades están en contra del independentismo, pero pretendo simplificar las cosas.

Así pues, imaginemos que se hace un referéndum y, en éstas 7 ciudades se rechaza el independentismo. Supongamos, simplificando demasiado, que en el resto de Cataluña sale que desean la independencia. Al igual que ellos reclamaron que en el referéndum sólo podían votar los Catalanes, lo obvio sería que posible independencia de Barcelona no se decidiera desde Girona sino que la decidieran los propios barceloneses, así pues, si en Barcelona saliera el No a la independencia, lo lógico sería que, aunque en el conjunto de Cataluña apoyasen por mayoría la independencia, si Barcelona lo decidiera, no se independizasen.

Así pues, debería de ser cada municipio el que decidiera si desean o no la independencia, y nadie más debería, ni en un caso ni en otro, decidir por ellos.

Esa sería la medida más justa que podría tomarse, pero a decir verdad, quizá no tengamos un sistema democrático tan avanzado, tenemos una constitución provisional que nunca se llegó a cambiar, y en España eso actualmente no se puede hacer.

Pero la Constitución sí comprende que las provincias deciden a qué comunidad adherirse, y, por tanto, el sí o no a la independencia sí podría diferenciarse, ya no por municipios, sino por provincias.

En tal caso, en la provincia de Barcelona saldría claramente un rechazo a la independencia y, aunque con menos fuerza, lo mismo pasaría en Tarragona. Supongamos que sale un apoyo a la independencia en las provincias de Lleida y Girona, principalmente rurales ¿Querrían entonces independizarse los que tanto habían proclamado sus diferencias con el resto de España? 

Muchos se quejan de que Cataluña mantiene a muchas comunidades de España, y es cierto, pero a su vez las zonas industriales y de negocios, las de mayoría no independentistas, mantienen dentro de la propia Cataluña a las independentistas, y eso es algo que no cuentan. ¿Desearían pues, Girona y Lleida, separarse de Barcelona y Tarragona? Permíteme dudarlo seriamente.

Por ello, cuando nos hablan de Democracia en Cataluña, es sólo para lo que a ellos les interesa y de la forma en la que les interesa. En un verdadero acto de democracia, sería cada ciudad la que eligiera si desea o no pertenecer a España, y esta decisión debería de ser respetada por el resto, independientemente de la suya.

Sin embargo, hablar de que "sólo" un 35% de la población desea la independencia en una "capital" de España como es Barcelona es un dato suficientemente alarmante como para saber que las cosas no se están haciendo bien. Porque el rechazo de la mayoría de la población a la independencia no significa que la minoría que la desea desaparezca, sino que el problema persiste, y sólo mediante el diálogo, e impidiendo cualquier tipo de chantaje por las dos partes, se puede solucionar.


13 de agosto de 2015

La imperfecta Democracia.

"La Democracia es el menos malo de los sistemas políticos"

Perdóname por no haberme resistido a citar a Churchill, pues ya se que está muy visto, pero después de tantas y tantas veces oyendo replicarle, no podía ser yo menos.

Son muy pocas, casi ninguna, podría decir, las veces en las que he oído hablar mal de la Democracia. El más valiente quizá se ha atrevido a alabar algún otro sistema político, pero raramente he escuchado reclamar a alguien la desaparición de la democracia. Entonces, empecé a pensar, debía ser ese el sistema definitivo, algo tan perfecto que nadie era capaz de encontrarle un sólo fallo. Entonces, habituado a ir contramarea, decidí buscar yo ese fallo que no existía.

He de reconocer que, en primera instancia, me maravillé con la perfección de tal sistema donde era la propia gente, toda ella, la que decidía sobre los asuntos de la sociedad. Era el derrocamiento de las tiranías, la superación de multitud de erradas formar de gobierno que se habían instaurado durante los últimos siglos; milenios.

Pero pronto me pregunté en qué consistía realmente la democracia. Democracia va asociada naturalmente con las mayorías, son las mayorías las que deciden y, por tanto, no es toda la sociedad en su conjunto como en un principio pensé. Si de diez personas, seis deciden una cosa, aunque afecte a los diez, esta se llevará a cabo, y sería bueno pensar que estas medidas, al ser respaldadas por una mayoría, sean las más beneficiosas para la sociedad, pero lo más probable es que únicamente sean las más beneficiosas para esa mayoría, y en muchos casos serán incluso perjudiciales para el resto..

He de admitir que no soy el primero que se ha fijado en esto, y algún iluminado lo vio antes, pero sólo lo hizo a nivel territorial, no a nivel de la sociedad en su conjunto, y decidió dar más poder a estas minorías con el actual sistema electoral que beneficia a los partidos que concentran su voto en ciertas circunspecciones (regiones). Lo que ocurre es que no necesariamente las minorías se encuentran localizadas en un territorio, sino que estas minorías pueden ser también de religión, raza, o clase social (alta o baja, no hago distinción), por poner unos de los muchísimos ejemplos, y para más inri, no evitó que las mayorías decidieran sobre las minorías, sino que dio un falso poder a estar minorías lo que hizo que estas pudieran imponer a las mayorías sus preferencias, pues los votos acumulados en una región concreta valen el doble, lo que les da poder a ciertos partidos para ser la llave electoral a nivel nacional cuando sólo buscan los intereses de una región. Una minoría gobernando sobre una mayoría.


Además, la democracia, en su afán de tolerancia, termina por convertirse en su mayor enemigo al permitir que ciertos partidos que declaren abiertamente ir en contra suya lleguen al poder. Uno de los mayores horrores de la historia de la humanidad llegó al poder mediante la democracia mientras el nazismo declaraba abiertamente estar en contra suya. Actualmente en España hay partidos que apoyan a grupos terroristas, unos de forma abierta y otros que durante la campaña electoral pretenden negar lo dicho anteriormente. Incluso hay partidos formados por "ex"miembros de ETA como Bildu. Y la democracia los ampara aunque pretendan destruirla.

También se da el caso de que países de dudosa Democracia como Rusia o Venezuela financian actividades como diarios en nuestro país pretendiendo enaltecer su régimen e influir sobre nuestro país mediante ciertos partidos internos. Y es precisamente esa Democracia la que impide actuar.


Pero realmente la Democracia no es tal cuando lo único que se hace es votar a unos partidos políticos que pasadas las elecciones se olvidan de todo lo prometido. Democracia representativa, lo llaman, pero no es más que una falsa, porque hemos creado un sistema político que no les hace responder cuando sin justificación alguna dejan de lado su programa electoral, cuando no recae responsabilidad penal cuando por su mala gestión, y sin deberse a ningún imprevisto, derrochan el dinero público mediante el cual se enriquece. Nuestro voto llena sus bolsillos, ¿Esa el la Democracia que se defiende?


Pero para qué mentir, no nos merecemos la Democracia cuando nadie se molesta tan siquiera en leer el programa político de los partidos a los que votan, cuando se habla de la economía con desprecio y no desconocimiento, sino absoluto desinterés. A la gente no le interesa la política más que para criticarla, ha renunciado completamente a involucrarse en ella, no me refiero ya a dedicarse a ella, sino que desde sus otras ocupaciones, economistas, policías, bomberos o barrenderos debatan sobre el gobierno de su municipio/comunidad/país. Y no diréis que medios les faltan. Sin esa cultura democrática, no nos merecemos la Democracia.


Quizá el mayor error de la Democracia sea su virtud más alabada: igualarnos a todos. Como si todos fuésemos iguales. Porque vale lo mismo el voto de aquella persona que vota a un partido por el mero hecho de ser de derechas/izquierdas que el de la persona que ha leído los programas de los principales partidos, que se ha molestado en escuchar otras opiniones, y que día a día participa desde sus posibilidades en cambiar las cosas. Vale lo mismo el voto de la persona que quiere que se lo hagan todo, aquella que quiere luchar por lo que cree. ¿De verdad alguien tiene la vergüenza de decir que todos somos iguales?


Y sin embargo jamás podremos tener algo más valioso que la democracia: que el poder resida en todas las personas y no en un grupo de privilegiados. Poder. Poder para elegir. Poder ser libres. Eso es la Democracia. Lo que deberíamos preguntarnos es si estamos a la altura. Porque la Democracia es insostenible sin una cultura democrática. Y si en un momento la hubo, hoy en día no queda nada de ella. Cuando cualquiera se preocupe por la política sin la necesidad de dedicarse a ello, entonces podremos reclamar una verdadera Democracia.

Y mientras, por buena que sea, debemos reconocer su multitud de debilidades y defectos, pues son muchos, y sólo así podremos mejorarla. Sería un error pensar que todo democrático es lo correcto por el hecho de serlo. Y al igual sería un error pensar que por bueno que sea un sistema no queda margen para mejorarlo, pues siempre, siempre lo habrá.

5 de agosto de 2015

¡Liberaremos a la Cultura!

Hoy se han anunciado los presupuestos generales para el próximo año. Sin duda habrá multitud de temas sobre los que debatir, más cuando estos se aprueban pocos meses antes de unas elecciones generales, las cuales sin duda los han condicionado de forma muy notable. En general ha subido el gasto en casi todos los sectores, pero hay uno que en concreto me llama mucho la atención, y es el de cultura.

La cultura, separada de la educación, después de esta y de la sanidad es una de las áreas de mayor delicadeza social, e influyen tanto de forma positiva como negativa a la hora de ejercer el derecho al voto.

Antes de seguir leyendo, te invito a que veas los cambios en el presupuesto de cultura y seas tú mismo quien juzgue. Aquí mismo puedes consultar la Partida cultural de los presupuestos generales de 2016

Como puedes comprobar, en general han subido, sobre todo el cine.

Sin embargo algo llama la atención es que los impuestos siguen en un elevadísimo, criminal, 21%, sobre la cultura, algo que debería estar en mínimos pues precisamente crea riqueza y bienestar social.
Es precisamente de esos impuestos de donde, posteriormente, se saca el dinero necesario para las ayudas.

Estas ayudas se destinan a los sueldos del personal de los museos públicos, al mantenimiento de las instalaciones etc. Pero después hay otra parte que se destinan a la promoción de actividades culturales no muy habituales o, lo que más me ha impactado, y cito literal: aquellas actividades que "a pesar de tener una relevancia cultural sobresaliente, y de constituirse en expresión del pensamiento y la sensibilidad de la sociedad, tienen un alcance comercial reducido"

Es decir, que los ciudadanos somos idiotas y no sabemos apreciar la verdadera cultura y por ello el Estado, con nuestro dinero, tiene que financiarlas. E insisto, todo esto lo hace a la vez que mantiene un impuesto elevadísimo que hace imposible para muchas personas asistir a estas actividades culturales que insiste en promover.

Pongamos un ejemplo, simplificándolo, pero que en su base es así.

Cada semana se realiza una función cultural. La actividad es cara de por sí, pero los impuestos la encarecen tanto que hacen imposible que la mayoría de las personas acuda. Como nadie asiste, pero el Estado considera que es una de esas actividades de "relevancia cultural sobresaliente" pues da dinero para que siga en funcionamiento. Así pues, cada semana los artistas actúan para un público prácticamente inexistente, cobrando un sueldo que con nuestros impuestos lo hemos pagado todos, y finalmente nadie se enriquece de esa "relevancia cultural sobresaliente".

Pongamos otro ejemplo. El Estado quita esas ayudas que antes daba para la realización de esas actividades, pero a su vez baja los impuestos que cobraba a todas esas actividades para redistribuirlo como antes lo hacía. Entonces habrá dos opciones: 

La primera es que, con la bajada de impuestos, el precio de las entradas se abarate notablemente (hay un margen de hasta el 21% (IVA) para bajar el precio) y entonces la gente se anime a ir. Incluso es muy probable que, al asistir más gente, la compañía que realiza esta actividad cultural decida bajar los precios al aumentar sus beneficios, lo que a su vez hará que acuda más gente, incluso puedan ampliar el número de sesiones a varias por semana. De esta forma, la cultura, al ser más barata, es accesible para todos los ciudadanos, y son ellos mismos los que, mediante su criterio, deciden cuál quieren ver, y sólo pagan por aquella de la que disfrutan. Tan sólo piensa cuánta gente más acude al cine cuando bajan el precio de la entrada. Sin impuestos, y con más gente que llene las salas, estas podrían llegar a estar a la mitad de precio, así como el resto de las actividades culturales.

La otra opción es que ni aún bajando el precio de las entradas al reducir los impuestos la gente acuda. Entonces se estaría mandando un claro mensaje: la gente no demanda esa actividad cultural y no están dispuestas siquiera a gastar su tiempo. Entonces, ¿por qué debería el Estado pagar con nuestro dinero una actividad que nadie desea? Y en caso de que lo hiciera, ¿de qué serviría si nadie acude a verla y, por tanto, a nadie enriquece culturalmente? En este caso, los artistas deberían cancelar dicha función y esforzarse por crear otra que lograse atraer al público.

Por tanto, encontramos un beneficio más de liberar la cultura de impuestos y de la mala intervención Estatal: La propia gente será la que decida qué actividades merecen la pena en cada momento y hará que estas se renueven constantemente y luchen por mejorar y superarse, tanto a sí mismas como a las demás, creando un proceso evolutivo que beneficia a la propia cultura en sí, proceso que no ocurría en el caso de que sea el Estado quien decidiera, a través de sus ayudas arbitrarias qué actividades merecen la pena.


Y esto nos lleva a un peligro al permitir que el Estado intervenga a través de impuestos y de "subvenciones" a la cultura. Como bien sabemos ambos, salvo meses previos a los comicios, el gasto presupuestario destinado a la cultura no hace más que descender. Por tanto, las ayudas a la cultura quedan muy limitadas, y estas sólo pueden ir dirigidas a un porcentaje muy pequeño del total. Entonces ¿Quién elige a dónde van destinadas? Porque yo tengo unos gustos, tú tienes los tuyos, y es probable que no coincidan, imagínate entre millones de personas, es imposible que todas estén de acuerdo, por lo que el político de turno tendrá que elegir, según su propio criterio, y no el de la sociedad (porque como digo, no existe tal criterio común) cuáles son esas actividades de "relevancia cultural sobresaliente". Eso pensando bien y sin imaginar que lo haga para beneficiar a su amigo de turno o llevándose una comisión, pues todos sabemos lo concienciados que están nuestros políticos con la cultura; jamás harían eso.

Sin embargo sí que veo oportuna la intervención del Estado en ocasiones puntuales, como puede ser la promoción de nuestra cultura en el exterior mediante campañas, exposiciones universales, intercambios, establecimiento de entidades que faciliten a las propias empresas su promoción.

A su vez considero legítima la celebración de eventos culturales de cada pueblo, ciudad o comunidad autónoma con una cultura propia de la cual participe toda la gente y les representen a todos, pero jamás siendo usada esta con fines rupturistas. 

El pensamiento está libre de impuestos    
-Martin Luthero
 

4 de agosto de 2015

Lo que todos tienen, nada vale.

En los últimos años en España se ido creando una mentalidad que nos empuja a pasarnos la vida estudiando. Primero, preescolar, pues aunque no sea algo obligatorio, quiénes serían los horribles padres que no meterían a su hijo a la escuela; después educación primara, seguida por necesidad de la secundaria, y aunque ahí acabe, con 16 años, la educación obligatoria, todo el mundo da por hecho que los alumnos continuarán estudiando hasta bachiller, y por supuesto este no es más que un paso intermedio para dar el salto a la universidad, pues sin tener tal título todos sabemos que no eres nadie en la vida; y claro, tener el título de un grado sin realizar posteriormente el máster no sirve de nada.

Así pues, cada niño al nacer está destinado a adentrarse en un túnel sin salidas de emergencia que ocupará, al menos, prácticamente tercio de su vida, pues si echáis cuentas, cualquiera que haya terminado un máster cumplirá ese año, como mínimo, 23 años, teniendo en cuenta que muchas veces todo ese proceso se alarga.

Perfecto, pensarán muchos, y quizá tú seas también de esa opinión, cuanto más preparada esté la gente, mejor. Todo tiene sus sombras, y este tema en especial tiene una muy grande, tanto que va a lastrar el futuro de la educación en España creando un círculo vicioso del que nos será muy difícil salir.

Es magnífico que la gente se prepare, de hecho un país con gente formada es un país con futuro, pero todo tiene que hacerse de la manera correcta, y en ocasiones cuando las cosas se fuerzan dan el resultado contrario al deseado.


Imagínate una empresa de pantalones en la que todos sus trabajadores son altos directivos. Estos directivos saben llevar las cuentas de la empresa como nadie, entienden de publicidad tanto que pueden atraer a todos los clientes del mundo, y conocen tan bien el mercado que la brutal competencia que hay en estos no es para ellos más que un juego; son "Los Amos".

Tan sólo una pregunta, ¿Quién va a hacer los pantalones? Porque todos ellos son unos cracks en números, para lo cual han necesitado media vida de estudios, pero no le pongas a ninguno una máquina de coser, pues tras tres horas de análisis y profundos estudios desistirá de intentar encontrar el botón de encendido.

Bueno, me dirás, nunca está de más tener preparación. Siempre podrán esos directivos aprender a coser y a cortar las telas. Cierto, pero entonces, ¿por qué pasarse una vida estudiando para una actividad que nunca vas a ejercer? ¿Acaso no sería mejor que, si vas a acabar cosiendo pantalones, aprendas cuanto antes a coser pantalones? Porque por mucho que se diga, cuando pretendas entrar en la empresa para hacer pantalones, a nadie le importará los máster que tengas, el doctorado en astrofísíca que hayas realizado o el premio nobel en economía que te hayan dado por tercer año consecutivo, tan sólo querrán que sepas hacer pantalones, que seas el mejor haciendo pantalones, y el resto no sirve de nada.

Pero eso no funciona así, estarás pensando. Porque hoy en día hasta para coser pantalones en esas fábrica necesitas saber inglés, francés, alemán e hindi, que nunca se sabe de donde pueden venir las telas. Completamente de acuerdo.

El problema es que hemos colapsado el mercado laboral con personas sobretituladas que en ocasiones se ven obligadas a ocultar sus estudios cursados para que se les pueda pagar menos y así salga rentable contratarles. Así pues, cuando se quiere contratar a un trabajador para que cosa pantalones, ninguna titulación es suficiente pues siempre habrá alguien que tenga más, por ello se tira de la experiencia, experiencia de la cual todos los doctores carecen.

Pero hay un segundo problema, más grave aún que el anterior. Obviando el hecho de que sin trabajadores tan siquiera empezaría a funcionar, imaginemos esa misma empresa con los mismos directivos, con los mismos títulos, pero ninguno de ellos tiene la más mínima idea tan siquiera del campo en el que se han pasado una vida estudiando. Porque la ESO se la regalaron para que hiciera Bachiller, y, aunque eso del Bachiller no se le diese muy bien, se lo dieron tras repetir un par de veces, pobrecito, y como sacó raspando la selectividad (que para aprobar se necesita un 4, no un 5) pues pudo entrar en esa carrera que no muchos quieren, y así al llegar a los 30 pues ya sólo le quedaban un par de asignaturas más, así que a los 35 ya tenía su título y podía optar a ser directivo de la empresa, a pesar de haber ya olvidado lo poco que llegó a aprender.

Y es que, aunque a muchos le duela admitirlo, en España se regalan los títulos, o bien por peloteo, bien por pena, o bien por dinero. Porque, de los casos que conozco (que por supuesto, ni para bien ni para mal son la norma) ni un tercio de los que aprobaron bachiller merecía el título, muchos ni deberían haber llegado allí; y todos conocemos las universidades privadas donde a quien tenga algún billetito de sobra le pueden firmar cualquier papelito que desee.

Y lo que todos tienen, nada vale. Y las nuevas generaciones, a no ser que la cosa cambie, saldrán todas con el título de universitarios, un título que no valdrá de nada. Y como sigamos en esta dirección haremos que ni el doctorado asegure un buen puesto pues todos lo tendrán. Porque las empresas piden experiencia para empezar a trabajar, que es lo que al final diferencia más que cualquier título que puedas tener, y como te has pasado la vida estudiando, no tienes experiencia alguna.

Lo mejor de todo es que si alguien por casualidad hubiese decidido tirar por otro camino como la Formación Profesional, esa que todos daban por hecho que no servía de nada, seguramente salga con la experiencia necesaria y al poco tiempo pueda optar a ese puesto por delante de todos los universitarios sobre(infra)preparados.

¿La solución?

Pues por raro que suene, la solución es no hacer nada. Pero no hacer nada de verdad, que no es lo mismo que dejar las cosas como están.

Actualmente el Estado, con el dinero de todos, paga la universidad a cualquiera que decida estudiar. Así pues, tanto el que decide hacer una carrera, como el que no, como el que ya está a punto de jubilarse, están pagando un servicio que no necesariamente reciben.

Si cada uno tuviera que pagarse sus propios estudios (lo que a su vez veo más justo) antes de empezar una carrera deberían sopesar lo que pierden (invierten, mejor dicho) con lo que en un futuro ganarán. Si la diferencia entre el aumento de sueldo que percibirán al ocupar un mejor puesto será mayor que el coste de la carrera, la mayoría decidirá seguir estudiando, ya sea un grado, máster o doctorado, y cuando las ganancias percibidas por un mejor puesto al haber estudiado más, dejen de ser superiores al coste en tiempo y dinero que supone seguir estudiando, el alumno dejará de estudiar para ponerse a trabajar. Todo termina por ajustarse solo.

Pero cuidado, que cada uno se pague su propia carrera no significa que se deje de lado a aquellos que por diversas circunstancias no puedan pagarse sues estudios. Por ello vuelvo a defender una vez más un modelo parecido al del sistema británico, en el que el Estado "preste" el dinero al alumno necesario para cursar su carrera y posteriormente se le descuente un porcentaje de su sueldo cuando comience a trabajar hasta cubrir los gastos, de tal forma que hasta el más pobre podría tener los estudios que desee.

A su vez, también se deberían hacer las cosas bien. No se puede permitir la situación actual en la que, de una forma u otra, cualquiera puede sacarse cualquier título hasta bachiller aunque no dé un palo al agua en toda su vida. Debería haber sistemas que permitan ver la progresión del alumno y le impidan recibir una titulación para la cual no está preparado. Y en caso de que los centros, a través de los profesores, pretendan alterar este proceso natural, se deberán de tomar las medidas oportunas dirigidas a estos centros, de tal forma que se evite que esto suceda. Evidentemente este es un tema a desarrollar que merece una entrada propia que muy pronto haré, así que si te interesa no te vayas muy lejos, pero no será esta la ocasión.

Entonces, cuando cada uno tenga el título que merezca y cada uno se costee sus propios estudios, serán las propias empresas las que ajusten la demanda de trabajadores con una u otra cualificación y los estudiantes tan sólo tendrán que saber hasta dónde son capaces de llegar y hasta dónde les interesa llegar y estudiarán más o menos en función de ello.

Entonces es cuando muchos se dará cuenta de que las titulaciones universitarias sirven (o deberían servir) para optar a los puestos más altos, para los cuales habrá en comparación muchos menos puestos, pero hay muchísimas otras salidas con las que podrán acceder a un puesto de trabajo muy bien remunerado que les evitará verse en el paro tras tener el título universitario. Incluso a través de estos caminos y de la experiencia podrán en ocasiones más alto que los propios universitarios.

Y entonces los títulos volverán a tener el valor que merecen.

¡Hasta la próxima!