29 de agosto de 2015

El último recurso: autodidactismo

Creo que mis críticas al sistema educativo son sobradas, y en verdad no pretendo excederme, pero creo que realmente, siendo el pilar básico de cualquier sociedad, ninguna crítica a sus defectos está de más. A su vez siempre he intentado acompañar cada crítica de una propuesta, por lo que me considero en derecho de seguir criticando y proponiendo.

Sin embargo este no será un artículo no será una crítica al propio sistema sino a la actitud que, o bien por conformismo o bien por desconocimiento, adoptan ciertas personas.

Actualmente en la mayoría de los centros no se lleva a cabo un proceso de aprendizaje, en el que toda la clase participa; en el que se llevan a cabo debates sobre la materia tratada; en el que son los alumnos los que desarrollan su propio conocimiento. Por el contrario, el actual propósito del sistema educativo tal y como está planteado es, por un lado, fijar unos contenidos que los alumnos no deben aprender, sino tan sólo memorizar, y por otro ir comprobando constantemente que los contenidos recién dados han sido memorizados.

Algo que siempre he defendido es que, en mi caso, he aprendido mucho más por mi cuenta de lo que aprendí en las clases que hasta hoy he dado. Porque sí, estudie las Guerras mundiales y seguramente sacase buena nota, pero no fue hasta que la curiosidad me hizo leer libros de los propios soldados, o de figuras como Churchill o el propio Hitler cuando de verdad aprendí lo que significaban las guerras mundiales, su contexto, sus causas y sus efectos, más allá de unos datos que hubiese podido memorizar anteriormente.

Y debo destacar que todo ese conocimiento, digamos, extraescolar, lo adquirí de forma totalmente gratuita, mediante libros obtenidos de la biblioteca o, en otros casos, internet, al cual recuerdo que todo el mundo en España puede acceder de forma gratuita mediante las bibliotecas.

Entonces me pregunté por qué, si ese conocimiento es tan accesible, no todo el mundo lo tiene. No me refiero, por supuesto, a mis propios conocimientos del campo al que a mí me pueda interesar, sino aquellos que se ajusten a cada persona y sus intereses.

Para empezar no me hace falta ir más lejos de mi ejemplo para darme cuenta de los motivos.

El primero, la pereza, porque a estudiar te obligan, esto te lo tienes que “imponer a ti mismo”, tienes que buscar el tema sobre el que quieres aprender, buscar en internet páginas sobre ello o un libro en la biblioteca, y ponerte a leer. Sin embargo, a diferencia de estudiar, cuando aprendes por ti mismo lo que te gusta y de la forma que te gusta, una vez te has puesto a ello el propio proceso resulta parte de tu entretenimiento.

El segundo, el tiempo, porque precisamente nos han impuesto un sistema que, sin ser eficaz, nos roba gran parte de nuestras vidas y al cual, de no ser un genio, debido a que este también es respaldado por las empresas a la hora de medir los criterios para la contratación, es muy difícil dejar de lado sin fracasar. Estudiamos tantísimo que en cuanto tenemos tiempo libre lo dedicamos a otras actividades, y es algo que veo lógico y no critico.

El tercero, la falta de confianza en nosotros mismos, porque nos han dicho tantas veces lo que debemos hacer que hemos llegado a no ser capaces por nosotros mismos de distinguir qué es lo que más nos conviene, la creencia de que, aunque realmente deseemos aprender por nuestra cuenta no servirá de nada el esfuerzo realizado. No podría haber afirmación más errada.


El sistema educativo hay que cambiarlo. Si destinamos los recursos a ello, si lo hacemos de forma colectiva como sociedad, lograremos mucho más de lo que cualquier persona de forma individual pueda conseguir, y por ello el aprendizaje individual y autodidáctico no es la solución al fracaso de este sistema sino más bien una salida momentánea que puede dar, a quien esté dispuesto a esforzarse por ello, una gran ventaja sobre el resto de personas.