5 de agosto de 2015

¡Liberaremos a la Cultura!

Hoy se han anunciado los presupuestos generales para el próximo año. Sin duda habrá multitud de temas sobre los que debatir, más cuando estos se aprueban pocos meses antes de unas elecciones generales, las cuales sin duda los han condicionado de forma muy notable. En general ha subido el gasto en casi todos los sectores, pero hay uno que en concreto me llama mucho la atención, y es el de cultura.

La cultura, separada de la educación, después de esta y de la sanidad es una de las áreas de mayor delicadeza social, e influyen tanto de forma positiva como negativa a la hora de ejercer el derecho al voto.

Antes de seguir leyendo, te invito a que veas los cambios en el presupuesto de cultura y seas tú mismo quien juzgue. Aquí mismo puedes consultar la Partida cultural de los presupuestos generales de 2016

Como puedes comprobar, en general han subido, sobre todo el cine.

Sin embargo algo llama la atención es que los impuestos siguen en un elevadísimo, criminal, 21%, sobre la cultura, algo que debería estar en mínimos pues precisamente crea riqueza y bienestar social.
Es precisamente de esos impuestos de donde, posteriormente, se saca el dinero necesario para las ayudas.

Estas ayudas se destinan a los sueldos del personal de los museos públicos, al mantenimiento de las instalaciones etc. Pero después hay otra parte que se destinan a la promoción de actividades culturales no muy habituales o, lo que más me ha impactado, y cito literal: aquellas actividades que "a pesar de tener una relevancia cultural sobresaliente, y de constituirse en expresión del pensamiento y la sensibilidad de la sociedad, tienen un alcance comercial reducido"

Es decir, que los ciudadanos somos idiotas y no sabemos apreciar la verdadera cultura y por ello el Estado, con nuestro dinero, tiene que financiarlas. E insisto, todo esto lo hace a la vez que mantiene un impuesto elevadísimo que hace imposible para muchas personas asistir a estas actividades culturales que insiste en promover.

Pongamos un ejemplo, simplificándolo, pero que en su base es así.

Cada semana se realiza una función cultural. La actividad es cara de por sí, pero los impuestos la encarecen tanto que hacen imposible que la mayoría de las personas acuda. Como nadie asiste, pero el Estado considera que es una de esas actividades de "relevancia cultural sobresaliente" pues da dinero para que siga en funcionamiento. Así pues, cada semana los artistas actúan para un público prácticamente inexistente, cobrando un sueldo que con nuestros impuestos lo hemos pagado todos, y finalmente nadie se enriquece de esa "relevancia cultural sobresaliente".

Pongamos otro ejemplo. El Estado quita esas ayudas que antes daba para la realización de esas actividades, pero a su vez baja los impuestos que cobraba a todas esas actividades para redistribuirlo como antes lo hacía. Entonces habrá dos opciones: 

La primera es que, con la bajada de impuestos, el precio de las entradas se abarate notablemente (hay un margen de hasta el 21% (IVA) para bajar el precio) y entonces la gente se anime a ir. Incluso es muy probable que, al asistir más gente, la compañía que realiza esta actividad cultural decida bajar los precios al aumentar sus beneficios, lo que a su vez hará que acuda más gente, incluso puedan ampliar el número de sesiones a varias por semana. De esta forma, la cultura, al ser más barata, es accesible para todos los ciudadanos, y son ellos mismos los que, mediante su criterio, deciden cuál quieren ver, y sólo pagan por aquella de la que disfrutan. Tan sólo piensa cuánta gente más acude al cine cuando bajan el precio de la entrada. Sin impuestos, y con más gente que llene las salas, estas podrían llegar a estar a la mitad de precio, así como el resto de las actividades culturales.

La otra opción es que ni aún bajando el precio de las entradas al reducir los impuestos la gente acuda. Entonces se estaría mandando un claro mensaje: la gente no demanda esa actividad cultural y no están dispuestas siquiera a gastar su tiempo. Entonces, ¿por qué debería el Estado pagar con nuestro dinero una actividad que nadie desea? Y en caso de que lo hiciera, ¿de qué serviría si nadie acude a verla y, por tanto, a nadie enriquece culturalmente? En este caso, los artistas deberían cancelar dicha función y esforzarse por crear otra que lograse atraer al público.

Por tanto, encontramos un beneficio más de liberar la cultura de impuestos y de la mala intervención Estatal: La propia gente será la que decida qué actividades merecen la pena en cada momento y hará que estas se renueven constantemente y luchen por mejorar y superarse, tanto a sí mismas como a las demás, creando un proceso evolutivo que beneficia a la propia cultura en sí, proceso que no ocurría en el caso de que sea el Estado quien decidiera, a través de sus ayudas arbitrarias qué actividades merecen la pena.


Y esto nos lleva a un peligro al permitir que el Estado intervenga a través de impuestos y de "subvenciones" a la cultura. Como bien sabemos ambos, salvo meses previos a los comicios, el gasto presupuestario destinado a la cultura no hace más que descender. Por tanto, las ayudas a la cultura quedan muy limitadas, y estas sólo pueden ir dirigidas a un porcentaje muy pequeño del total. Entonces ¿Quién elige a dónde van destinadas? Porque yo tengo unos gustos, tú tienes los tuyos, y es probable que no coincidan, imagínate entre millones de personas, es imposible que todas estén de acuerdo, por lo que el político de turno tendrá que elegir, según su propio criterio, y no el de la sociedad (porque como digo, no existe tal criterio común) cuáles son esas actividades de "relevancia cultural sobresaliente". Eso pensando bien y sin imaginar que lo haga para beneficiar a su amigo de turno o llevándose una comisión, pues todos sabemos lo concienciados que están nuestros políticos con la cultura; jamás harían eso.

Sin embargo sí que veo oportuna la intervención del Estado en ocasiones puntuales, como puede ser la promoción de nuestra cultura en el exterior mediante campañas, exposiciones universales, intercambios, establecimiento de entidades que faciliten a las propias empresas su promoción.

A su vez considero legítima la celebración de eventos culturales de cada pueblo, ciudad o comunidad autónoma con una cultura propia de la cual participe toda la gente y les representen a todos, pero jamás siendo usada esta con fines rupturistas. 

El pensamiento está libre de impuestos    
-Martin Luthero