4 de agosto de 2015

Lo que todos tienen, nada vale.

En los últimos años en España se ido creando una mentalidad que nos empuja a pasarnos la vida estudiando. Primero, preescolar, pues aunque no sea algo obligatorio, quiénes serían los horribles padres que no meterían a su hijo a la escuela; después educación primara, seguida por necesidad de la secundaria, y aunque ahí acabe, con 16 años, la educación obligatoria, todo el mundo da por hecho que los alumnos continuarán estudiando hasta bachiller, y por supuesto este no es más que un paso intermedio para dar el salto a la universidad, pues sin tener tal título todos sabemos que no eres nadie en la vida; y claro, tener el título de un grado sin realizar posteriormente el máster no sirve de nada.

Así pues, cada niño al nacer está destinado a adentrarse en un túnel sin salidas de emergencia que ocupará, al menos, prácticamente tercio de su vida, pues si echáis cuentas, cualquiera que haya terminado un máster cumplirá ese año, como mínimo, 23 años, teniendo en cuenta que muchas veces todo ese proceso se alarga.

Perfecto, pensarán muchos, y quizá tú seas también de esa opinión, cuanto más preparada esté la gente, mejor. Todo tiene sus sombras, y este tema en especial tiene una muy grande, tanto que va a lastrar el futuro de la educación en España creando un círculo vicioso del que nos será muy difícil salir.

Es magnífico que la gente se prepare, de hecho un país con gente formada es un país con futuro, pero todo tiene que hacerse de la manera correcta, y en ocasiones cuando las cosas se fuerzan dan el resultado contrario al deseado.


Imagínate una empresa de pantalones en la que todos sus trabajadores son altos directivos. Estos directivos saben llevar las cuentas de la empresa como nadie, entienden de publicidad tanto que pueden atraer a todos los clientes del mundo, y conocen tan bien el mercado que la brutal competencia que hay en estos no es para ellos más que un juego; son "Los Amos".

Tan sólo una pregunta, ¿Quién va a hacer los pantalones? Porque todos ellos son unos cracks en números, para lo cual han necesitado media vida de estudios, pero no le pongas a ninguno una máquina de coser, pues tras tres horas de análisis y profundos estudios desistirá de intentar encontrar el botón de encendido.

Bueno, me dirás, nunca está de más tener preparación. Siempre podrán esos directivos aprender a coser y a cortar las telas. Cierto, pero entonces, ¿por qué pasarse una vida estudiando para una actividad que nunca vas a ejercer? ¿Acaso no sería mejor que, si vas a acabar cosiendo pantalones, aprendas cuanto antes a coser pantalones? Porque por mucho que se diga, cuando pretendas entrar en la empresa para hacer pantalones, a nadie le importará los máster que tengas, el doctorado en astrofísíca que hayas realizado o el premio nobel en economía que te hayan dado por tercer año consecutivo, tan sólo querrán que sepas hacer pantalones, que seas el mejor haciendo pantalones, y el resto no sirve de nada.

Pero eso no funciona así, estarás pensando. Porque hoy en día hasta para coser pantalones en esas fábrica necesitas saber inglés, francés, alemán e hindi, que nunca se sabe de donde pueden venir las telas. Completamente de acuerdo.

El problema es que hemos colapsado el mercado laboral con personas sobretituladas que en ocasiones se ven obligadas a ocultar sus estudios cursados para que se les pueda pagar menos y así salga rentable contratarles. Así pues, cuando se quiere contratar a un trabajador para que cosa pantalones, ninguna titulación es suficiente pues siempre habrá alguien que tenga más, por ello se tira de la experiencia, experiencia de la cual todos los doctores carecen.

Pero hay un segundo problema, más grave aún que el anterior. Obviando el hecho de que sin trabajadores tan siquiera empezaría a funcionar, imaginemos esa misma empresa con los mismos directivos, con los mismos títulos, pero ninguno de ellos tiene la más mínima idea tan siquiera del campo en el que se han pasado una vida estudiando. Porque la ESO se la regalaron para que hiciera Bachiller, y, aunque eso del Bachiller no se le diese muy bien, se lo dieron tras repetir un par de veces, pobrecito, y como sacó raspando la selectividad (que para aprobar se necesita un 4, no un 5) pues pudo entrar en esa carrera que no muchos quieren, y así al llegar a los 30 pues ya sólo le quedaban un par de asignaturas más, así que a los 35 ya tenía su título y podía optar a ser directivo de la empresa, a pesar de haber ya olvidado lo poco que llegó a aprender.

Y es que, aunque a muchos le duela admitirlo, en España se regalan los títulos, o bien por peloteo, bien por pena, o bien por dinero. Porque, de los casos que conozco (que por supuesto, ni para bien ni para mal son la norma) ni un tercio de los que aprobaron bachiller merecía el título, muchos ni deberían haber llegado allí; y todos conocemos las universidades privadas donde a quien tenga algún billetito de sobra le pueden firmar cualquier papelito que desee.

Y lo que todos tienen, nada vale. Y las nuevas generaciones, a no ser que la cosa cambie, saldrán todas con el título de universitarios, un título que no valdrá de nada. Y como sigamos en esta dirección haremos que ni el doctorado asegure un buen puesto pues todos lo tendrán. Porque las empresas piden experiencia para empezar a trabajar, que es lo que al final diferencia más que cualquier título que puedas tener, y como te has pasado la vida estudiando, no tienes experiencia alguna.

Lo mejor de todo es que si alguien por casualidad hubiese decidido tirar por otro camino como la Formación Profesional, esa que todos daban por hecho que no servía de nada, seguramente salga con la experiencia necesaria y al poco tiempo pueda optar a ese puesto por delante de todos los universitarios sobre(infra)preparados.

¿La solución?

Pues por raro que suene, la solución es no hacer nada. Pero no hacer nada de verdad, que no es lo mismo que dejar las cosas como están.

Actualmente el Estado, con el dinero de todos, paga la universidad a cualquiera que decida estudiar. Así pues, tanto el que decide hacer una carrera, como el que no, como el que ya está a punto de jubilarse, están pagando un servicio que no necesariamente reciben.

Si cada uno tuviera que pagarse sus propios estudios (lo que a su vez veo más justo) antes de empezar una carrera deberían sopesar lo que pierden (invierten, mejor dicho) con lo que en un futuro ganarán. Si la diferencia entre el aumento de sueldo que percibirán al ocupar un mejor puesto será mayor que el coste de la carrera, la mayoría decidirá seguir estudiando, ya sea un grado, máster o doctorado, y cuando las ganancias percibidas por un mejor puesto al haber estudiado más, dejen de ser superiores al coste en tiempo y dinero que supone seguir estudiando, el alumno dejará de estudiar para ponerse a trabajar. Todo termina por ajustarse solo.

Pero cuidado, que cada uno se pague su propia carrera no significa que se deje de lado a aquellos que por diversas circunstancias no puedan pagarse sues estudios. Por ello vuelvo a defender una vez más un modelo parecido al del sistema británico, en el que el Estado "preste" el dinero al alumno necesario para cursar su carrera y posteriormente se le descuente un porcentaje de su sueldo cuando comience a trabajar hasta cubrir los gastos, de tal forma que hasta el más pobre podría tener los estudios que desee.

A su vez, también se deberían hacer las cosas bien. No se puede permitir la situación actual en la que, de una forma u otra, cualquiera puede sacarse cualquier título hasta bachiller aunque no dé un palo al agua en toda su vida. Debería haber sistemas que permitan ver la progresión del alumno y le impidan recibir una titulación para la cual no está preparado. Y en caso de que los centros, a través de los profesores, pretendan alterar este proceso natural, se deberán de tomar las medidas oportunas dirigidas a estos centros, de tal forma que se evite que esto suceda. Evidentemente este es un tema a desarrollar que merece una entrada propia que muy pronto haré, así que si te interesa no te vayas muy lejos, pero no será esta la ocasión.

Entonces, cuando cada uno tenga el título que merezca y cada uno se costee sus propios estudios, serán las propias empresas las que ajusten la demanda de trabajadores con una u otra cualificación y los estudiantes tan sólo tendrán que saber hasta dónde son capaces de llegar y hasta dónde les interesa llegar y estudiarán más o menos en función de ello.

Entonces es cuando muchos se dará cuenta de que las titulaciones universitarias sirven (o deberían servir) para optar a los puestos más altos, para los cuales habrá en comparación muchos menos puestos, pero hay muchísimas otras salidas con las que podrán acceder a un puesto de trabajo muy bien remunerado que les evitará verse en el paro tras tener el título universitario. Incluso a través de estos caminos y de la experiencia podrán en ocasiones más alto que los propios universitarios.

Y entonces los títulos volverán a tener el valor que merecen.

¡Hasta la próxima!