31 de agosto de 2015

Nacionalidad: un sentimiento, no una raza.

Esta es una de esas entradas que me gustaría nunca tener que hacer, y que sin embargo me veo en la obligación moral de ello. Es una de esas cosas que todo el mundo debería dar por hecho, sobre las cuales no se debería discutir, pero aún hoy se hace.

¿Qué es un país? Unas fronteras dibujadas en un mapa, un conjunto de instituciones comunes, unas leyes, un país son las personas que lo forman, que deciden caminar juntas, sumar a un proyecto común. Un país es un sentimiento.

Los países como tal no hay existido tanto como se podría pensar, pues el concepto de país no llega hasta que aparece la democracia y las personas por primera vez tuvieron la capacidad de decidir. Antes lo ahora llamamos países no eran más que súbditos de varios señores que a su vez debían lealtad al mismo rey, jeque, emperador... Los países tal y como los conocemos no llegan hasta la aparición de los nacionalismos, en la época de las revoluciones, hace poco más de dos siglos. 

Quizá el más claro ejemplo, por ser lo que actualmente conocemos como país desde que existe como tal, son los Estados Unidos. ¿Acaso alguien me puede decir quienes son los estadounidenses originales? Los blancos no, desde luego. Pocos rubios conozco con todos sus antepasados en américa. Ni más ni menos americanos que ellos son los negros, pues tampoco podemos decir que sea por "etnia" su tierra natal. Los indios, determinará alguno. Quizá sea la respuesta más acertada, pero basándonos en el porcentaje de población india en los Estados Unidos, si estos fuesen los "americanos", América no existiría.

Estados unidos lo formaron, desde su inicio hombres que, llevados por diversos motivos, acabaron en aquella tierra y decidieron formar juntos la nación que conocemos hoy en día. Y desde ese entonces han ido llegado, procedentes de todas partes del mundo, personas que han pasado a formar parte de los Estados Unidos. Incluso hay quienes cuyos padres habían llegado como esclavos una vez adquirida su libertad decidió quedarse en aquella tierra y vivir como un ciudadano más. Y lo que les une a todos ellos, por encima de su procedencia o la de sus antepasados, es un sentimiento, el de ser "americanos".

Pongamos otros dos ejemplos, el alemán y el italiano, iconos del nacionalismo de finales del siglo XIX. Porque desde hace mucho, mucho tiempo, podemos leer sobre los italianos o los alemanes, y sin embargo no es hasta hace relativamente poco cuando han pasado a ser un país unido. ¿Qué era lo que unía a estos pueblos que durante tanto tiempo habían estado separados? Desde luego, y por mucho que ese hombre alto, rubio y fuerte, todo un ejemplo de hombre ario llamado Hitler lo dijera, la raza no. 

Pasemos a hablar de algo tan vano como la etnia de una persona, si es que aún alguien tiene dudas. Sí, puede que los alemanes tuvieran una genética parecida entre sí si la comparamos con otros pueblos europeos, que allí haya mayor porcentaje de rubios, que sean por lo común más altos... pero aún así hay grandes diferencias entre las Alemania del norte y la Alemania del sur, mucho menos "aria", de donde por cierto procedía este hombrecillo que tan siquiera era propiamente alemán. 

Mucho mas llamativa es la diferencia entre la Italia del norte y a del sur, llegando a parecerse en etnia mucho más entre un francés y alguien de Milán que entre un italiano del sur y uno del norte.

Pero, ¿acaso importa?

Y lo más ridículo de todo es que discutamos esto en España, el país de Europa, y uno de los países del mundo con más diversidad cultural. Porque hemos sido celtas, íberos, romanos, bárbaros, árabes... hemos comerciado con tantos países, y ha llegado tanta gente procedente de todos los rincones del mundo que es imposible decir de dónde procedemos cada uno.

Y si en un momento pudiera haber tenido sentido hablar de razas para determinar los ciudadanos de un país, lo cual veo ridículo, hoy en día, con un mundo tan interconectado en el que con tan sólo un billete de avión puedes recorrerte el mundo entero, no en 80 ¡Sino en un sólo día!, hoy en día es una locura hablar de razas.

Y si lo hiciese un japonés, quizá, aunque sus argumentos no tuviesen valor alguno, podría decir que tiene una raza, pero eso no existe en Europa. Si tenéis tan sólo unos minutos, os animo a ver esta entrada que habla de la variedad de "razas" en Europa derivadas de la influencia de todo el mundo.

Podría decirse que un país lo forman las personas que comparten una historia, un idioma, una cultura... pero jamás un a raza. Y aún así, las culturas cambian, se entremezclan, se enriquecen, los idiomas se aprenden, y la historia está en contante cambio. Por ello, todos esos argumentos de contaminación racial, de pérdida cultural, de inadaptación, no son más que mentiras para justificar lo injustificable, causas que se le atribuyen a lo que no tiene explicación, o la explicación es tan mezquino que da vergüenza decirlo.

Al final, lo único que prevalece es el sentimiento, y quienes se sientan parte de un país, de una nación, serán los que la formen.