12 de septiembre de 2015

Tu Justicia y la mía

Al final todas las personas pueden agruparse entre quienes buscan la justicia y quienes buscan únicamente su propio beneficio a toda costa.

Confío en que, si has llegado hasta aquí, tú pertenezcas al primer grupo, que seas de los que luchamos por hacer, desde nuestra pequeña parcela del mundo, de este un lugar más justo. Así pues, ambos perseguiremos el mismo objetivo: la Justicia.

Sería casi obvio pensar que, si todos perseguimos un mismo objetivo, todos sabremos cual es este objetivo. Sería tan obvio como errado.

Porque, ¿Qué es lo justo? 

He conocido grandes personalidades que, defendiendo cada una principios opuestos, he visto en ellas grandes personas que defendían la Justicia. Ambas. 

Si todos supiésemos qué es lo justo, y qué es lo injusto, nos dividiríamos en dos grupos: Las buenas y las malas personas. 

Pero eso sería un error muy grave, una forma de clasificar a las personas que conlleva el odio y el enfrentamiento entre quienes, en verdad, buscan un mismo objetivo.

Porque, finalmente, aunque varios busquen la justicia, cada uno puede tener su propio concepto de lo que es justo.

Esto nos llevaría a pensar que la justicia es algo subjetivo y que, por tanto, no existe. Para mí, esto volvería a ser un error, aunque sólo parcial.

La Justicia existe, pero no Lo justo. Me explico.

Cuando alguien busca lo mejor para sí mismo sin tener en cuenta el perjuicio que pueda causar a los demás, está siendo injusto. Cuando alguien, aunque busque su propio beneficio, tiene en cuenta evitar el perjuicio demás, incluso llega a buscar también su beneficio, está siendo justo.

Por lo tanto, la Justicia es la búsqueda de lo justo, evitar el perjuicio de los otros.

Pero es un término demasiado general como para aplicarlo. Cuando nos basamos en hechos concretos, ya estaríamos superando el concepto de Justicia para pensar en "Lo justo"

Entonces es cuando puede haber tantas definiciones de "Lo justo" como puntos de vista haya. Porque, aunque tú y yo busquemos lo justo, puede que yo piense que algo es justo y tú no. Puede que, buscando lo Justo, alguien diga que todas las personas deberían recibir cada mes un salario, trabajen o no, que les asegure vivir con dignidad. Puede que tú pienses eso, o puede que, como yo, pienses que una persona debería percibir el salario que se gane por sí misma. Si ninguno de los dos buscase aprovecharse de esa medida, ambos estaríamos buscando la Justicia, aunque nuestros conceptos de Lo Justo estuviesen enfrentados.

Entonces ¿No existe "Lo justo"?

Para responder esto, o para evitar responderlo, llamaré al campo de debate a otro concepto, uno que va ligado a la Democracia: el Consenso. Si bien no existe "Lo justo" sí que hay muchos actos que son vistos por la mayoría de las personas, al menos por aquellas que buscan la Justicia, que son considerados como justos o injustos.

Los Derechos Humanos es un claro ejemplo de un consenso mundial en defensa de la Justicia, el establecimiento, mediante el consenso mundial, de aquello que vemos como justo. Cosas concretas. Y si bien todo el mundo está en su derecho de opinar sobre si estos son justos, me reafirmo en que la mayoría de las personas que busquen la Justicia estarán de acuerdo en que tales derechos son Justos.

Pero incluso entre el consenso existen diferentes puntos de vista de la Justicia. Lema de la Revolución Francesa y posteriormente adoptado por todo el mundo occidental: Libertad, igualdad y fraternidad.

Al hablar en términos generales, es fácil hablar de Justicia, pero cuando pretendes concretar, es mucho más difícil llegar al consenso de qué es lo justo. Por eso la ambigüedad es, en ocasiones, la única forma de hablar de la justicia.

Lo primero, decir que me enorgullece que la Libertad sea el primer principio. Pero la libertad es algo que tiene muchas formas de entenderse. Alguno podría pensar que la libertad no tiene límites, que esta permite hacer lo que a uno le plazca y, por tanto, el primer principio estaría defendiendo la anarquía. Para mí, y para muchos otros, la libertad de uno acaba cuando esta corta la de otro. Por tanto, la libertad sí tiene límites, precisamente para asegurar su propia existencia.

Igualdad. ¿En qué sentido?  Tal y como yo la entiendo, es igualdad entre las personas, que una valga lo mismo que otra bajo cualquier circunstancia como ser, independientemente de su lugar de procedencia, su clase social o su religión. Igualdad ante la ley, por ejemplo. Pero otro podría entenderlo como igualdad material, que cada uno tenga lo mismo independientemente del esfuerzo realizado. Y eso dista mucho de mi opinión de Justicia.

Fraternidad. Bueno, ahí es un término tan abstracto que es imposible definirlo. Algunos prefieren cambiarlo por "Solidaridad". Bien, puede que la solidaridad sea un derecho, ¿Pero qué asegura ese derecho? Los demás pueden ser solidarios contigo, pero si ellos no tienen esa intención, de nada servirá ese derecho. Y entender la solidaridad como algo impuesto, sería una locura. Primero porque hablamos de derechos, no de deberes, segundo, porque cortaría el primer derecho: la libertad. Y tercero, porque la solidaridad tiene carácter voluntario, cuando se la impones a alguien, pierde su razón de ser. Y aún así muchas de las personas que, sin ninguna duda, buscan la justicia, pretenden imponer a otros la solidaridad.

¿Acaso alguien puede decir qué es "Lo justo"? Puede decir lo que a él le parece justo, y debe ser escuchado, puede llegar a consensos con otras personas para establecer leyes, sistemas y principios tales como los derechos humanos o una constitución, pero estos jamás podrán fijar lo que es justo y lo que no.

Porque la Justicia no es subjetiva, pero dado que sigue unos principios comunes a todos los que la buscan, pero nadie jamás tendrá el poder de decidir lo que es justo, pero sí que debemos llegar a consensos por los que poder regirnos porque sin esos consensos no podría existir una sociedad. Por tanto, no debemos buscar la Justicia de forma individual, sino como sociedad, pero sabiendo que nunca habrá un concepto fijado de Justicia ni nadie tendrá la capacidad para decidir lo que es y lo que no es justo.


10 de septiembre de 2015

Europa SÍ, pero no esta.

Quizá lo más necesario sea saber por lo que uno lucha.

Siempre me he considerado Europeo. Quizá, más allá de mis aspiraciones personales, sea el sueño más grande que tenga, a nivel de sociedad. Por ello me llenaba de ilusión cuando conocía a personas que compartían mi mismo sueño, cuando veía que no era una ilusión mía, algo en lo que tuviera que estar solo, sino un proyecto común que entre muchos construiríamos.

Sinceramente he llegado a pensar que ese sueño se ha perdido.

Es difícil creer en algo de lo que te avergüenzas, y últimamente es poco más que vergüenza lo que siento cuando oigo habla de Europa, la cual siempre consideraré mi nación.

Hablan de libertad, igualdad y solidaridad. Hablan de construir un proyecto común. Hablan de una unión que nos haga avanzar juntos por primera vez. Hablan de mentiras.

Y no es que todo lo que digan sea una mentira, tampoco es que ellos hayan inventado nada, porque Europa ha sido, desde hace siglos, el sueño de muchos grandes hombres. Lo que ocurre es que ellos no tienen potestad alguna para dar lecciones de moral. 

Porque ellos mismos, quienes nos vienen hablando de ayudarnos entre nosotros son los que después no miran más que por sus intereses personales, en ir subiendo puestos a costa de hacer de la política poco más que un circo. Y quizá, al final de la función, cuando tienen más puestos que días tiene el año, cuando han mentido tanto que ni lo recuerdan, es cuando son capaces de pensar por sus países, por intentar a través de ellos controlar al resto, pero jamás piensan en Europa.

Porque no hace falta remontarse más que a los últimos veces para que nos den ganas de tirar la toalla y abandonar todo por lo que siempre hemos luchado. El tema del tercer rescate griego, con unos apelando a la solidaridad europea, hablando de los fantasmas de "la troika" y todo esto mientras vendían a su país y a su pueblo a Rusia, cuando se supone que el monstruo que les oprimía era Europa. Y los otros mientras se llenaban la boca de Unión  Europea mientras lo único que hacían eran falsas reuniones, demostraciones de bravuconería para ver quién tenía más poder. El resultado: Enfrentar a toda Europa, echar por tierra un sueño, para que al final todo siga igual.

Y mientras, tanto en Grecia, como en Hungría como en prácticamente cualquier país han aflorado grupos fascistas que pretenden echar por tierra la democracia y someternos al odio, precisamente lo que desde su comienzo la UE predicó pretender evitar. A su par nacen otros partidos que a partir de mentiras pretenden crear un odio no muy diferente al de los otros, y han hecho que no se sepa si el enfrentamiento entre la gente es un medio o directamente el fin.

Pero el episodio más lamentable, por el cual escribo esta entrada, es sin duda la demente actuación que Europa está teniendo a causa de una guerra que, si bien no me atrevo a decir que ellos hayan creado, no hicieron nada por impedirla ni hacen nada por detenerla. Pero de pronto, cuando las consecuencias se hacen notar, todas las alarmas saltan y parece que acaba de estallar una guerra que lleva 5 años cobrándose la vida de centenares de miles de inocentes.

Hablan de personas como si fuesen mercancías, como si no fuesen nada más que cargas económicas. como si Europa hubiese perdido cualquier rastro de moral, de humanidad. E incluso siendo frívolos, y pensando en la economía, Europa está perdiendo una oportunidad única de aumentar la población joven de sus países, de progresar y de salvar el abismo del insostenible gasto social al que nos dirigimos.

Porque la Unión Europea no es una unión de países, sino un un círculo de influencia de unos pocos países que han atraído a otros, una innecesaria demostración de fuerza, algo que está siendo más motivo de discordia que de cohesión. Algo mal construido desde sus cimientos.

¿Pero a caso la UE es Europa? Para nada.

Porque puede que la unión política, económica y social sea el camino hacia Europa, pero desde luego no de esta forma.

Pero a pesar de las decepciones que pueda tener, a pesar de que las cosas no se estén haciendo bien, jamás abandonaré mi sueño, el sueño de muchas personas, que luchamos por construir Europa, porque que unos lo hagan mal no significa que no sea necesario aquello que decían estar haciendo.

Por ello, y a pesar de que las cosas no funcionen, precisamente porque las cosas no funcionan, hoy más que nunca es necesario luchar por el sueño europeo, por unir en vez de separar. Por construir entre todos un gran proyecto común.