10 de septiembre de 2015

Europa SÍ, pero no esta.

Quizá lo más necesario sea saber por lo que uno lucha.

Siempre me he considerado Europeo. Quizá, más allá de mis aspiraciones personales, sea el sueño más grande que tenga, a nivel de sociedad. Por ello me llenaba de ilusión cuando conocía a personas que compartían mi mismo sueño, cuando veía que no era una ilusión mía, algo en lo que tuviera que estar solo, sino un proyecto común que entre muchos construiríamos.

Sinceramente he llegado a pensar que ese sueño se ha perdido.

Es difícil creer en algo de lo que te avergüenzas, y últimamente es poco más que vergüenza lo que siento cuando oigo habla de Europa, la cual siempre consideraré mi nación.

Hablan de libertad, igualdad y solidaridad. Hablan de construir un proyecto común. Hablan de una unión que nos haga avanzar juntos por primera vez. Hablan de mentiras.

Y no es que todo lo que digan sea una mentira, tampoco es que ellos hayan inventado nada, porque Europa ha sido, desde hace siglos, el sueño de muchos grandes hombres. Lo que ocurre es que ellos no tienen potestad alguna para dar lecciones de moral. 

Porque ellos mismos, quienes nos vienen hablando de ayudarnos entre nosotros son los que después no miran más que por sus intereses personales, en ir subiendo puestos a costa de hacer de la política poco más que un circo. Y quizá, al final de la función, cuando tienen más puestos que días tiene el año, cuando han mentido tanto que ni lo recuerdan, es cuando son capaces de pensar por sus países, por intentar a través de ellos controlar al resto, pero jamás piensan en Europa.

Porque no hace falta remontarse más que a los últimos veces para que nos den ganas de tirar la toalla y abandonar todo por lo que siempre hemos luchado. El tema del tercer rescate griego, con unos apelando a la solidaridad europea, hablando de los fantasmas de "la troika" y todo esto mientras vendían a su país y a su pueblo a Rusia, cuando se supone que el monstruo que les oprimía era Europa. Y los otros mientras se llenaban la boca de Unión  Europea mientras lo único que hacían eran falsas reuniones, demostraciones de bravuconería para ver quién tenía más poder. El resultado: Enfrentar a toda Europa, echar por tierra un sueño, para que al final todo siga igual.

Y mientras, tanto en Grecia, como en Hungría como en prácticamente cualquier país han aflorado grupos fascistas que pretenden echar por tierra la democracia y someternos al odio, precisamente lo que desde su comienzo la UE predicó pretender evitar. A su par nacen otros partidos que a partir de mentiras pretenden crear un odio no muy diferente al de los otros, y han hecho que no se sepa si el enfrentamiento entre la gente es un medio o directamente el fin.

Pero el episodio más lamentable, por el cual escribo esta entrada, es sin duda la demente actuación que Europa está teniendo a causa de una guerra que, si bien no me atrevo a decir que ellos hayan creado, no hicieron nada por impedirla ni hacen nada por detenerla. Pero de pronto, cuando las consecuencias se hacen notar, todas las alarmas saltan y parece que acaba de estallar una guerra que lleva 5 años cobrándose la vida de centenares de miles de inocentes.

Hablan de personas como si fuesen mercancías, como si no fuesen nada más que cargas económicas. como si Europa hubiese perdido cualquier rastro de moral, de humanidad. E incluso siendo frívolos, y pensando en la economía, Europa está perdiendo una oportunidad única de aumentar la población joven de sus países, de progresar y de salvar el abismo del insostenible gasto social al que nos dirigimos.

Porque la Unión Europea no es una unión de países, sino un un círculo de influencia de unos pocos países que han atraído a otros, una innecesaria demostración de fuerza, algo que está siendo más motivo de discordia que de cohesión. Algo mal construido desde sus cimientos.

¿Pero a caso la UE es Europa? Para nada.

Porque puede que la unión política, económica y social sea el camino hacia Europa, pero desde luego no de esta forma.

Pero a pesar de las decepciones que pueda tener, a pesar de que las cosas no se estén haciendo bien, jamás abandonaré mi sueño, el sueño de muchas personas, que luchamos por construir Europa, porque que unos lo hagan mal no significa que no sea necesario aquello que decían estar haciendo.

Por ello, y a pesar de que las cosas no funcionen, precisamente porque las cosas no funcionan, hoy más que nunca es necesario luchar por el sueño europeo, por unir en vez de separar. Por construir entre todos un gran proyecto común.