25 de octubre de 2015

Hablar de lo que no se sabe

Lo mejor que han traído los medios de comunicación sin duda es la generalización de la información. Cualquiera puede estar informado de lo que ocurre a cada momento, puede aprender sobre la actualidad política, y unido a internet y el acceso a todo tipo de recursos educativos, hace que todo aquel que lo desee, pueda tener conocimientos suficientes para opinar con conocimiento sobre lo que habla. 

El problema: que todos creen saber sobre lo que hablan.

He dicho que todo el mundo tiene acceso a la información, pero claro, no a todo el mundo le apetece acceder a ella, y sin embargo la mayoría pretende hablar de todo.

El pilar fundamental de la Democracia es que todos opinen, y es algo que defenderé bajo cualquier circunstancia. Es necesario que la gente participe en política, que discuta sobre economía, que juzgue a quienes les representan. Pero toda esa gente debería haberse molestado por aprender sobre lo que pretenden opinar.

Lo que no es admisible es que alguien admita abiertamente que le da igual la economía, que no le interesa saber cómo funciona, pero después pretenda ser el primero en decir cómo se deben repartir los recursos.

Porque claro, la economía es para capitalistas, al parecer a toda la gente que no defienda ese modelo no tiene que interesarle la economía ¿Y eso por qué? 

Es tan ilógico decir que los únicos que se tienen que interesar por la política son los votantes de cierto partido. En absoluto.

Se pueden defender diferentes modelos económicos, con los cuales puedo estar más o menos de acuerdo, pero si defiendes un modelo económico tienes que hacerlo apoyándote en conocimientos económicos, teniendo en cuenta cómo cada actuación lleva consigo unas determinadas consecuencias.

Por eso es muy triste ver como ciertas ideologías reniegan de la economía como si saber fue algo malo. Como si pudiesen opinar sin saber.

Algo similar pasa con la política, a nivel general. En las reuniones familiares, en los bares, en Twitter... nunca falta el momento para opinar de sobre política. Lo mejor, el criterio que usan. Las izquierdas son malas, las derechas buenas, o viceversa, no importa, el caso es que todo lo que haga X partido va a estar genial y lo que hagan los demás va a ser una basura, da igual qué propuesta sea, como si se intercambiasen el programa. El hecho de que lo haga cierto partido ya implica que esté bien o mal.

También pasa con ciertos conceptos: PRIVATIZACIONES: Tan sólo con oír la palabra cunde el pánico, ya se implica con que viene a ser algo malo. Quizá privatizar algo implique que pagaremos menos por ello, que nos ofrecerán un servicio de mejor calidad, o que el Estado tendrá más dinero para destinar a otra actividad, o quizá no, quizá sí sea malo privatizar en ciertos casos pero ¿Por qué hablar sin antes valorar la situación? 

Lo mismo pasa con los recortes, el gobierno que se atreva a recortar en algo ya es el peor del mundo. Bueno, quizá antes se estaba gastando demasiado en cierto campo y falta dinero en otro más necesario y hay que recortar en uno para invertir más en otro más necesario. O quizá no, repito, no puedo juzgar. 

El caso es interesarse por aquello que se opina, tener un mínimo de conocimientos sobre lo que se va a hablar, y si no, simplemente abstenerse. No digo que todos tengamos que ser genios para opinar, ni que no podamos equivocarnos, por supuesto, sólo pido que la gente se interese por aquello de lo que habla.


La democracia se basa en que todos puedan opinar, pero la democracia implica que todos se interesen sobre lo que van a opinar.



10 de octubre de 2015

A quienes piensan diferente.

Siempre he defendido una postura, si bien no diría moderada, sí bastante transversal. El hecho de que coja lo que considero mejor de cada ideología, en vez de aceptar una como mía y seguirla con fe ciega ha hecho que, a menudo, ambas partes me consideren como su rival, Quizá, si alguno se tomara la molestia de fijarse, vería que el fin que buscamos es el mismo. Justicia y Bienestar social. Y los medios deberían ser motivo de discusión, pero jamás de enfrentamiento.

Muy a menudo me encuentro a personas que me juzgan simplemente por el nombre que le ponen a la que ellos consideran que es mi ideología, y tan siquiera se atreven a escucharme, a dialogar, a debatir. Ni una sola de ellas ha logrado hacerme dudar de mis ideales. 

Con todo, no ha dejado de haber decenas de personas que, pensando diferente a mí, han sido capaces de escuchar, argumentar y debatir defendiendo siempre sus ideales. Y sé que será, no tanto con quienes piensen como yo, sino con esas personas que pensando distinto desean escucharme, junto con quienes cambiaré las cosas.

Espero tenerte a mi lado cuando llegue ese momento.