9 de octubre de 2016

La oportunidad de Europa






Quizá sea verdad que, de alguna forma, acabo navegando siempre a contra corriente, pero una vez más me veo obligado a negar la mayor. Europa no está desapareciendo, es más, puede que Europa esté enfrentando su momento más importante en la Historia. Quizá en un año me vea obligado a escribir otra entrada diciendo lo que pudo ser y jamás será, admitiendo que Europa no tiene remedio, pero desde luego no será hoy.

Todos conoceréis el experimento de la rana que al meterle el agua hirviendo saltaba al quemarse, pero si le metían en agua fría y la iban calentado, se quedaba en ella hasta morir. Pues bien, Europa llevaba abrasándose mucho tiempo y nadie parecía darse cuenta. Habíamos llegado a tener el concepto de que la unión económica era el único fin y no el medio para conseguir el fin que es la Europa que muchos anhelamos. Después de haber luchado contra viento y marea tras salir de la segunda Guerra Mundial, entendiendo que la única posibilidad para la paz era avanzar unidos (donde lo político tendría mucho más peso que lo económico), después de haber tenido un enemigo que amenazaba todos los valores sobre los que se fundaba Europa, y después de haber logrado tanto como significó el Tratado de Maastrich, al cual no daremos nunca la importancia que tuvo, llegamos al mejor momento para Europa: una paz real por primera vez en toda su historia, una libertad al dejar de ser títeres de los intereses de otra superpotencia, y una base enorme para construir esa Europa que por siglos se había pedido, la defensora de la libertad, la igualdad de derechos, un espacio donde la diversidad fuese portada con orgullo, donde las diferentes naciones cooperasen, un lugar de prosperidad económica, capaz de proyectar su influencia para defender los intereses de sus ciudadanos y que a su vez estos coincidieran con los del resto de las personas.

Maastricht fue el tierra a la vista para ese gran sueño, y la posibilidad de alcanzarlo era tan real, que nos confiamos, dejamos de remar y de luchar por Europa, y la resaca nos arrastró de nuevo mar a dentro. Desde entonces, puede que se hayan conseguido ciertos logros, anecdóticos en todo caso, quizá fruto de la inercia de las décadas pasadas, pero hemos puesto en riesgo todo lo logrado durante cinco décadas.

Por fortuna llegó un irresponsable Cameron, y queriendo salvarse el culo puso el fuego a todo gas. Él se quemó, y en un último acto patriótico arrastró con él a su país. Ojalá nunca hubiese sido necesario el Brexit, pero lo fue, y doy gracias a Cameron por hacerlo posible, porque destapó toda la mierda que tenía acumulada Europa. Si hubiésemos estado tan sólo una década más en el fuego sin saber que nos estábamos quemando, Europa habría muerto.

Ahora es cuando saco de la chistera todas las recetas mágicas para salvar Europa y vencer en todos los frentes que tenemos abiertos. No, lo siento, no tengo esa chistera. Sin embargo sí que tengo ciertas cosas claras donde, pudiendo estar equivocado, no creo que esto ocurra.

  • Que cualquier solución pasa por una Europa más unida. Que, pasados los cantos de sirena libertarios, anarquistas y alterglobalizadores que pudieron llegar a seducir a muchas buenas personas y hoy se demuestra que eran falsos (gracias, Farange, gracias Steven, gracias May), se ha demostrado que hay una clara línea que separa el continente, situada entre quienes defienden Europa, una Europa que puede ser imaginada de formas tan diferentes como personas haya, pero con unos valores comunes de libertad, igualdad de derechos, paz, cooperación, defensa de la diversidad; y entre aquellos que se oponen a ella los cuales, más allá de visiones utópicas alejadas de la realidad, son quienes están defendiendo posturas xenófobas, autoritarias, racistas y que recuerdan a los peores tiempos que sufrimos. 
  • Que Europa debe de estar abierta a todo aquel que quiera formar parte de este proyecto común, pero debe apartarse de cualquiera que impida que ese proyecto avance. Nunca más podemos arriesgar todo lo logrado por lograr que un país no se vaya de algo que no sería Europa, como aquel vergonzoso tratado con Reino Unido, y no podemos vender la membresía a países como Turquía en un pacto que defiende todo cuanto deberíamos ser. Y si volviésemos a ser aquella Europa de los 12, sería una Europa que defendería los valores que la fundaron. 
  • Que Europa debe defender los valores sobre los que se basa hasta las últimas consecuencias, y que si por hacerlo se rompe, habremos hecho lo correcto, pero si renunciamos a uno de ellos, Europa terminará cayendo. Acoger refugiados entraña unos retos enormes que quienes los niegan hacen flaco favor a estas personas que huyen de lo peor de la humanidad, pero son unos retos que debemos afrontar y encontrar la manera de convertirlo en algo positivo para una Europa formada por personas de todos los rincones de este planeta. Quizá un chino pueda afirmar que sus tatarabuelos eran chinos, es difícil encontrar un europeo con bisabuelos de un mismo país. 

Este es el mejor momento para Europa, un momento en el que, a pesar de las muchas dificultades que hay por delante, al fin somos capaces de advertir y enfrentar todas las amenazas y lograr nuestros objetivos. Una Europa humana que no por ello debe renunciar a convertirse en una verdadera potencia mundial y liderar unas políticas de las que lleva un siglo apartada. Una Europa que sea un ejemplo para el mundo, una Europa de la que nos sintamos orgullosos, una Europa de la que formemos todos parte.

De los actuales políticos, vuelvo a navegar contracorriente cuando digo que aún tengo algo de fe en ellos, vuelvo a tener esperanza cuando veo que Merkel, Renzi y Hollande (dónde estará España) piden más Europa y una Europa diferente y ponen propuestas reales para lograrlo, las cuales queda ver si se materializan. Pero, tanto los políticos actuales como los que están por llegar, quienes lograrán crear Europa, necesitan estar apoyados por una corriente social que defienda Europa, que sea capaz de criticar cuanto se haga mal sin estar por ello orgulloso de lo mucho que lograremos.

Y eso no depende de los políticos, depende de nosotros, y por ello estoy seguro de que lo lograremos.